El vuelo de la avutarda

 

25.6.06

It's raining bills, Hallelujah!

Aquel día, Heinrich Himmler presentó a Adolf Hitler un plan para atacar de modo contundente a la Gran Bretaña. La operación Krüger, denominada así por el coronel Bernhard Krüger, encargado de ejecutar la misión, planteaba la posibilidad de introducir en el mercado británico una ingente cantidad de moneda falsa. De esta forma, aumentaría la inflación en los dominios británicos, se depreciaría la libra esterlina y el marco alemán vería aumentado su valor en los mercados internacionales en un momento de enorme interacción monetaria entre estados. La idea no era nueva, pues ya los franceses habían castigado de este modo a los alemanes al final de la Primera Guerra Mundial. De forma parecida habían obrado los zaristas rusos con los bolcheviques en los albores de la Revolución de 1917. Sin embargo, la operación Krüger se perfilaba como un plan económico renovado que surgía de un meticuloso estudio de boicots anteriores para evitar los errores cometidos en el pasado.

Una de las ideas que descartaron los alemanes fue lanzar los billetes falsos desde varios aviones que sobrevolaran Londres. La ocurrencia, que parecía correcta para la consecución de objetivos, hubiera restado fuerza al ataque, ya que los billetes en manos de particulares se hubieran incorporado al mercado con relativa normalidad, como el agua de lluvia que va absorbiendo la tierra por capilaridad, sin encharcamientos. La operación Krüger contemplaba inundar el mercado con moneda falsa, de modo que el gobierno británico careciera de margen de maniobra. De esta forma, a partir de 1942 los billetes entraron a raudales por cauces diplomáticos, y sólo fueron descubiertos por casualidad en una oficina del Banco de Inglaterra. Fue entonces cuando el gobierno británico decidió en un golpe de flemática audacia legitimar los billetes falsos y dejar el asunto en secreto de estado. De esta forma, se evitaba el pánico en los mercados internacionales y la pérdida de credibilidad del sistema financiero británico en un momento en que la economía de Gran Bretaña dependía de la financiación norteamericana. Más tarde, tras el fin de la guerra, mientras Krüger huía a Suiza con parte del dinero falso, el Banco de Inglaterra cambiaba todo el circulante para evitar nuevas falsificaciones.

Leo por ahí que el pasado jueves hubo un señor que arrojó 5.000 libras al aire en medio de una calle de Aberystwyth, en Gales. No se conocen las causas de tan insólita donación. Sí se sabe que el buen hombre fue detenido por exceso de velocidad unas millas más tarde. Al parecer, tras arrojar los billetes le entraron las prisas. No he podido evitar acordarme de Bernhard Krüger.

 

2 comentarios:

Anonymous Beldar dijo (26/6/06 06:29):  

Jajajaja que bueno!
A ver si se anima a venir algun Krüger a españa :P
Saludos!



Blogger Josep dijo (26/6/06 11:14):  

Mientras no se llame Freddy... No, es que luego no duermo y no sé por qué.



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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