El vuelo de la avutarda

 

24.5.06

Babel

Allá por el capítulo 11 del Génesis, unos señores que se creían muy listos se dedicaron a elevar una gigantesca torre sin esperar a la recalificación de los terrenos donde se alzaría ni tener el preceptivo permiso de obras mayores. Aquellos constructores eran tan cachondos que pretendían alcanzar el cielo con su particular rascaídems, más que nada para pasar a los anales de la Historia y esas cosas. Para chulear, vamos. Cuando Dios vio que dejando hacer lo que quisieran estos individuos la Tierra se le podía llegar a transformar en una macrourbanización de dudosa legalidad, rollo Marbella o Marina d'Or, se mosqueó y se dedicó a confundir las lenguas de los hombres que trabajaban en la torre para evitar que se coordinaran y así conseguir sus vanidosos y descalabrados objetivos.

De esta maldición celestial nacieron los idiomas y el caos de la construcción. La vengativa medida, sin embargo, no acabó con la especulación urbanística, a la vista de lo que hoy nos rodea (y lo que te rondaré, morena). Dejando de lado el caos de la construcción, que no tuvo ni tiene arreglo, el mayúsculo follón lingüístico que se originó en este ameno pasaje de la Biblia tuvo con todo una parte positiva: la creación de empleo. Y es que con los idiomas nacieron los traductores. Y de eso ya hace unos cuantos años. Volviendo al tiempo presente, sin embargo, parece que estos nunca hubieran existido.

Resulta que un señor procedente de Serbia, de nombre Emrush y militar de profesión en sus años mozos, se acercó por las provincias de Barcelona y Girona para mostrar a los habitantes de estas tierras sus múltiples habilidades plásticas, de modo que se dedicó a perpetrar el robo butronero en empresas variopintas hasta que los Mossos d'Esquadra decidieron que lo que hacía aquel hombre no estaba bien visto y le pararon los pies. Y al detenerlo en Castelló d'Empúries (Girona), redactaron el atestado en catalán, que es una lengua que se habla en esa zona.

¿Qué sucedió? Que al amigo Emrush lo juzgaron en Madrid. ¿Y? Pues que el juez encargado del caso puso al buen hombre en libertad, tras decidir que "no interesa la prisión, dado que no constan motivos de hechos delictivos por estar el atestado en catalán".

Se ve que la Fiscalía no pudo mandar a traducir el texto de la policía autonómica catalana. En pleno Madrid no debieron de encontrar a nadie que hablara esa extraña lengua. Hombre, ya es mala pata. Esto me suena a aquella canción de Mecano sobre Nueva York: "más de dos millones de hispanos, y allí nadie hablaba en cristiano". ¡Si en pleno Recoletos oyes más escolta-tús que paseando por las Ramblas! No sé si se les pasó por la cabeza (o por cualquier otro miembro con el que pensaran) pedir una copia traducida a los mismos Mossos, que lo mismo la facilitaban. O lo mismo no, no sé. El caso es que, el uno por el otro, al juez sólo le quedó una salida: mofarse de las presuntas víctimas de este presunto ladrón por una cuestión absolutamente imbécil, esto es, escasa de razón. "No constan motivos de hechos delictivos". Faltaba añadir: "la responsabilidad del delito es sólo imputable a los empresarios propietarios de los bienes que han sido objeto de robo, por tener una policía que escribe raro".

"No constan motivos de hechos delictivos". Aunque el acusado se hubiera presentado en la sala a bordo de una limusina y exhibiendo un sospechoso rolex de cincuenta kilos de peso. Pecata minuta. A la calle con él a la espera de juicio. Si es que se presenta, que a lo mejor cuando le llegue la hora es él el que no entiende el español más allá de comprender que ha llegado el momento de hacer las maletas y salir por piernas. Los idiomas tienen esas cosas.

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3 comentarios:

Blogger AzIraFel dijo (25/5/06 12:14):  

La pena es que el susodicho juez no se vaya de vacaciones al extranjero, le pierdan la maleta o algo similar y que los funcionarios de aduanas, a la hora de devolvérsela no lo hagan "porque habla raro".

Como suele poner Forges en sus chistes: "País..."

Salu2.



Blogger Josep dijo (25/5/06 12:36):  

Mmm... maletas perdidas... Suena interesante.

-Oiga, que me han perdido las maletas. Lós, jiar, mai maleteishons. Mai peluca an mai toga.
-Zumbunturunto mgoele.
-Vale, que sí, pero que le digo que necesito mis cosas. ¡Mai cins! ¡Ai ní mai cins!
-Ombô gufurruñú mbutu namba.
-Pero quién coño me mandaría a mí irme de safari a África, ¡joder!

¿Alguna otra propuesta para el señor Juez? O para el señor Fiscal, que tanto da...



Anonymous due dijo (10/6/06 11:29):  

Y a que no sabes quien llevó a ese tipo a Madrid?
Pues piénsalo y ni se te ocurra decirlo...
No, yo no...
Es que llevo una cruz, que no me la merezco...
Un saludo



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