El vuelo de la avutarda

 

13.3.06

La reoca

Leo en El Periódico que el exclusivo restaurante barcelonés La Oca ha sido condenado por la Audiencia de Barcelona a indemnizar con 349 euros a una mujer que tomó un zumo de naranja con larvas de mosca común incluidas. La mujer sufrió una gastroenteritis derivada de la ingesta de una proteína algo inapropiada para su aparato digestivo. Un servidor, que trabajó durante unos cuantos años en el sector de la alimentación, sabe cómo las gastan ciertos individuos a la hora de manejar lo que la clientela se mete entre pecho y espalda, por lo que a estas alturas ya está curado de espantos. Sin embargo, no quiero pasar por alto el incidente, por un par de motivos:

1. Aunque esté curado de espantos, sigo pensando que hay problemas fácilmente resolubles. En la mayoría de ocasiones, basta con un poco de buena higiene y una pizca de desechar productos en mal estado (nota informativa: el género puede tirarse a la basura cuando no está en condiciones de ser consumido).

2. Un zumo de naranja es a un niño que entra en un bar lo que la cocacola, la cañita o el café es a los mayores que lo acompañan. Un aparato digestivo infantil suele estar menos bregado que un aparato digestivo adulto.

3. Sigo preguntándome cómo en un sitio así de glamuroso las larvas sólo son de mosca común.

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4 comentarios:

Blogger Ali dijo (13/3/06 11:46):  

Mejor no pensarlo... En todas las cocinas, cuecen habas.

Estoy de acuerdo contigo en que muchos de estos problemas se solucionarían con un poco más de higiene y sentido común. También preguntándose: ¿me comería esto yo o se lo pondría a la persona que más quiero en el mundo?



Blogger Calcetin dijo (13/3/06 15:16):  

Pero, ¿le cobraron más por el ingrediente extra?. Esos sitios me extraña que regalen nada.

Pero ojo, la multa se ha impuesto sobre todo porque la perjudicada era por entonces madre lactante: "la propia condición de madre lactante que tenía la afectada y el lógico desasosiego e inquietud que le produjo la ingestión de una bebida con cuerpos vivos en su interior, que no sabía si podían afectar a su bebé". Sin embargo la sentencia recoge que "En conclusión, el daño moral acreditado se limita a la zozobra sufrida por la demandante durante una semana, en la que tampoco consta que se suspendiese la lactancia de su hijo".

En cualquier caso fue casualidad que la acompañara un médico concienzudo que mandó analizar los puntitos blancos que contenía el zumo. Dicho sea de paso, la multa incluye el coste del análisis.


De todas las formas, lo de menos es la cuantía de la multa, lo importante es la pérdida de clientes ante al boca a boca generalizado: "ahí no, que a las larvas le ponen zumo como salsa".

Quizás fue un experimento de new cuisine y no entendemos de cocina.



Blogger Sergio dijo (14/3/06 18:14):  

En la mayoría de cocinas de restaurantes y bares, por mucho glamour que se tenga (¿cómo se mide eso, por cierto?) da asco entrar.



Blogger Josep dijo (14/3/06 22:00):  

Me quedo con la ampliación de la noticia (que no pienso contrastar) y con una reflexión... Si la mujer hubiera optado por darle el biberón a su bebé, ¿la sentencia hubiera sido diferente? ¿Érase una mujer a una teta pegada? En fin...



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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