El vuelo de la avutarda

 

22.3.06

El ultraliberalismo económico según la derecha francesa

Como me gustó el experimento de explotar a la parentela cuando mi mujer escribió su original crónica sobre la entrega de los premios de la Academia de Hollywood, he decidido repetir la prueba. Esta vez he pedido a mi hermano que me explique cómo se vive en París la crisis que las noticias nos explican con imágenes de jóvenes enfurecidos por una ley que permite el despido sin justificación en un plazo máximo de dos años. Aquí os ofrezco el texto, una vez editado. Es algo extenso, pero creo que merece la pena:


En un intento desesperado de obtener mejoras en las estadísticas sobre paro juvenil antes de las elecciones generales previstas para 2007, el gobierno de Dominique de Villepin se ha lanzado en una cruzada ultraliberal en un país de poderosa y arraigada tradición sindicalista donde la cultura empresarial de reinversión es casi inexistente en favor del beneficio inmediato para el accionariado. La ruptura social con los jóvenes se confirmó en una encuesta que afirmaba que un 78% de la juventud francesa aspira a ser funcionario público De Villepin cuenta con la oposición creciente tanto en múltiples sectores sociales como en el seno de su propia formación.

Para conseguir su objetivo, el gobierno ha aprovechado un generoso artículo de la Constitución francesa para imponer dos nuevas modalidades de contrato laboral, que difieren únicamente en los supuestos de contratación, pero que coinciden en las circunstancias que rodean al despido. Con estos contratos en la mano, el empresario puede despedir al trabajador durante los dos primeros años, sin justificación alguna y en cualquier momento, sin previo aviso. Todo dentro de un despido procedente con una indemnización estipulada entre el 8% y el 10% del salario percibido durante el tiempo trabajado. Hasta ahora, el plazo para avisar de una ruptura de contrato (sea por despido o por dimisión) oscila entre treinta días para los empleados de grado medio y tres meses en el caso de cuadros: managers, ingenieros, abogados...

Lo que parece perder de vista el gobierno galo es que el resultado de semejante decisión sólo puede encontrarse en los extremos de la balanza económica. Si la economía crece, el empresario puede decidir contratar más, aunque nada le obligue a ello vistas las políticas actuales de outsourcing de todos los grandes grupos franceses. Y en caso de recesión a corto plazo, seguirá creciendo el paro, y la precariedad habrá sido completamente instaurada como modo de funcionamiento socialmente admitido.

Así que, con los nuevos contratos o sin ellos, si no hay trabajo, no va a haber más. De hecho, la patronal francesa MEDEF, satisfecha con la decisión de De Villepin, no se siente obligada a incrementar la contratación, sino a seguir ampliando beneficios para distribuir suculentos dividendos entre sus accionistas. Tal es el caso de los récords de este año conseguidos por grupos como Total o L’Oréal. Mientras, las primeras huelgas estudiantiles apuntan ya hacia una huelga general. La ruptura social no hace más que crecer.

Al otro lado del Canal de la Mancha, en el Reino Unido, los empresarios no se preocupan del marco legal del empleo, sino de si hay contratos con clientes, de si los proveedores llegan a abastecerles, de si hay perspectivas de exportar más. Es la tasa de actividad, y por consiguiente, el volumen de negocio, lo que anima al empresario a contratar, y al trabajador a aceptar este modelo laboral. Estos parámetros los han integrado en su cultura laboral tanto los empresarios como los empleados y, por extensión, la sociedad británica. En semejante clima, a nadie le molesta el modelo liberal de mercado laboral.

En cambio, en Francia no hay esta cultura de preocuparse primero por si hay trabajo. Aquí se vive aún como otrora con los monarcas déspotas: primero el poder prohíbe, luego la plebe se revuelve (con violencia, si hace falta), y sólo entonces comienza un diálogo de sordos, para al fin establecer el marco en el que debe desarrollarse una actividad cuyo volumen (o existencia) no parece preocupar a nadie hasta el final. Es como si, para escoger carrera universitaria, uno se preguntara si se vive bien trabajando de eso, en lugar de preguntarse si eso tiene salida.

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11 comentarios:

Blogger mereque dijo (22/3/06 23:09):  

Bien. Sólo es un comentario.

Empezaré diciendo que en este mundo tiene que existir de todo, quiere decir que si todos lo universitarios nos preguntáramos (se preguntaran) si lo que van a estudiar tiene salidas, alomejor muchos de los historiadores, filólogos, teólogos, y demás serían una especie ya extinguida, a mi particularmente no me gustaría, y si de 1000 sólo salen 2, pues sólo salen dos. Por otro lado hay mucha gente que no se plantea estudiar una carrera, sino tener una profesión y en este caso también estará a merced de ese contrato basura.

Contrato basura que en España sufrimos muchos, universitarios y no universitarios, porque el caso era enmarranar aún más si cabe la empleabilidad de los jóvenes, ese contrato en la legislación laboral española se denomina en prácticas o en formación. El empresario te contrata y aquí viene la jugada, puedes estar 2 años (dos años) salvándole el culo a tu jefe y... a los dos años despedirte sin más, porque no hay derecho a cobrar indemnización y todo eso después de que el susodicho se ha embolsado una suculenta subvención por contratarte y unas muy bienvenidas reducciones en seguridad social...la jugada es cojonuda:
Señor empresario, tenga en su plantilla a un universitario con experiencia (porque antes ha podido estar trabajando bajo otra modalidad de contratación)en su plantilla durante la friolera de 24 meses (casi casi la obra del escorial) y cuando quiera le hecha, y contrata a otro! así da igual el volumen de trabajo que tenga tiene a muchos universitarios esperando en la puerta, la excusa del modelo liberal no me vale, a eso yo lo llamo fraude de ley...así que yo personalmente lo denomino el contrato klinnex.
Bien eso supongamos que tienes solo una carrera, si tienes dos el bocado es más suculento, he incluso puedes ver como se le cae la babilla a tu jefe y torna los ojos con cara de satisfacción pensando en que va a tener 4 años a un trabajador absolutamente a su merced en materia de despido.

Y para el joven la situación se plantea de esta manera:

Terminas dos carreras con 23 años (prontito para ir espabilando) y te encuentras con 27, 4 años de prácticas (que en muchas empresas no cuentan como experiencia laboral) y sin nada. Unos ahorrillos porque durante esos cuatro años, casi casi no puedes ni comprarte un coche, y mucho menos presentarte en un banco para pedir un préstamo.

27 años, y casi casi tienes que volver a empezar.

Y ahora me pregunto si cuatro años de tu vida dados a una empresa, y no haber acumulado ningún derecho, ni haber podido empezar una vida independiente no se merecen una huelga? Claro que se merece una huelga, precisamente para que los que se hacen los sordos, de repente oigan y sobretodo escuchen.

Lo que no entiendo es porque en España hacemos competiciones de botellón (a los que yo asisto) mientras en Francia cierran universidades y salen a la calle a defender su futuro.
Un saludo

http://spaces.msn.com/anagomy72/



Blogger Josep dijo (22/3/06 23:32):  

Hola, mereque.

Básicamente estoy de acuerdo contigo. No hace mucho, yo mismo decía que si todos trabajásemos de lo que nos gusta, viviríamos entre mierda. De todas formas, hay algún punto que no lo veo claro. Cuando planteas que "si de 1000 sólo salen 2, pues sólo salen dos" estás obviando no sólo que hay 998 que a ver qué hacemos con ellos, sino también que hemos destinado recursos a la formación de 998 personas que no teóricamente no utilizarán su formación en el trabajo "que les toque". Mal negocio, pues (a nivel de recursos públicos, me refiero).

"27 años, y casi casi tienes que volver a empezar". Desgraciadamente, puedes encontrarte como yo, con 33 y volviendo a empezar cada día. Supongo que life is life. De hecho, los graaaaandes gurús del mundo empresarial recomiendan siempre que no te estés quieto ni para dormir, ¿no? Pues hala, a empezar cada dos por tres, que así es como nos quieren los señores empresarios. Ah, y con una sonrisa de oreja a oreja.

Y la comparación entre botellones y huelgas es cuestión de gustos. Yo me crié en una época en que se empezaba a hacer huelga en los institutos semana sí, semana no (a pesar de lo cual, algo aprendí en clase, por cierto). Te puedo asegurar que lo del "tono lúdico y festivo de la concentración" era todo un eufemismo para no decir que aquello era un puro cachondeo. De ahí al botellón como supuesta protesta, supongo que hay un paso. No puedo profundizar, a mí me ha pillado un poco mayor.

Por cierto, como bien dice mi hermano en el texto que he editado y publicado aquí, lo de la huelga en Francia viene a ser el último recurso después de haberse negado todo Dios el saludo entre sí. Unos exigen, los otros se requeman, y al final acaban todos a palos. No creo que sea el modelo que debamos perseguir tampoco. Fíjate en el ejemplo del Reino Unido. Los empresarios se dedican a la empresa. Los políticos, a la política. Los estudiantes, al estudio.
- Sí, sí. Como te oiga tu amigo John te va a pelar. Que en todos los pueblos cuecen habas. Y en Reino Unido, con lo malos cocineros que son, saben a rayos.
- Pues no te voy a decir que no.


;-)



Anonymous Anónimo dijo (23/3/06 09:16):  

Precisión para mereque:

En mi última frase del texto, cuando digo si "se vive bien trabajando de eso" me refiero a las condiciones laborales del empleado (en referencia a la enorme "vocación" por las condiciones laborales y sociales del funcionariado), y no al hecho de dedicarse a la carrera (u oficio) que a uno le gusta.

Por ejemplo, yo soy ingeniero en el Automóvil por vocación, pero no por ello vivo bien. Viendo mis (muy precarias) condiciones de trabajo, así como las de mis compañeros, puedo afirmar que cualquier funcionario "cuadro" (mando intermedio) de la SNCF o de EDF "vive" en su puesto mucho mejor que nosotros, con una jubilación más que asegurada a los 55 años, y con un paquete de ventajas sociales impresionantes.

Nosotros, los subcontratados por las "cárnicas" (cf. caso Axpe vs. D. Lozano), tenemos (efectivamente) que sonreir siempre. En esta santa casa, hasta cuando hay jaleo, bronca, despidos improcedentes, finales de contrato de prestación intempestivos, presiones para que te vayas... "creamos automóviles".

Avutardo perdido en la Galias, a casi 38 años ya, NUNCA he dejado de seguir regularmente Formación Continua (a veces impuesta por mi jefe, otras, escogida por mí), cursos de inglés y otros seminarios de empresa, por mucho que acabar 6 años de Politécnica me costara lo que me costó. De otro modo, ya hace tiempo que estaría en paro. Así que, como se dice aquí, te deseo un "bon courage", mereque.



Blogger Josep dijo (23/3/06 10:55):  

Damas y caballeros: espero que comprendan el porqué de mi edición del texto remitido por mi hermano.

Nota para mi hermano: ¿nunca te he explicado que las frases de más de tres sintagmas hay que dividirlas en más oraciones? XDDDDD

Un besito, brother, que si todo va bien nos vemos en menos de un mes. Y que sigas moviéndote para que algunos no paren. ;-)

Por cierto, jodío, acostúmbrate a firmar los comentarios, que me llevas loco. Con sólo que le des al optionbox ahí donde pone OTROS, ya puedes poner lo que te salga dels nassos. No hace falta que abras sesión en Blogger ni nada.



Anonymous Jaume dijo (23/3/06 11:22):  

Es que soy de Ciencias XDD...
Y me han (mal)acostumbrado a separar los sintagmas con ecuaciones!!

Cada vez que quiero enviar un comentario con Blogger u Otros, se pierde el comentario, y no publico nada.
Voy a probar por la n-ésima vez...

Jaume



Blogger Josep dijo (23/3/06 12:22):  

Ya estamos con el síndrome del usuario que dice que él no ha hecho nada, pero que el ordeñador se ha vuelto loco XDDD



Blogger Calcetin dijo (23/3/06 14:42):  

Buen artículo, me ha gustado. Lo que veo mal es que Josep haga contratos basura a su familia (tan basura que ni les paga) y les explote de sol a sol. Familia de Josep: a la huelga, a las barricadas!!!.

En serio, hay 3 formas de ver el problema laboral: una desde los empresarios, ellos quieren atarse lo mínimo con el trabajador, es la típica frase de usar y tirar cuando no hace falta. El empresario debe pensar también en que él forma al trabajador día a día, y los despidos son siempre una pérdida inmensa de conocimiento y de inversión. El buen empresario, cuando le va bien no debe "tirar" dinero despidiendo, a no ser que se trate del inutil más inutil. Un contrato indefinido con seguridad en el puesto de trabajo tiene dos lados, uno negativo que el trabajador se apoltrone y se vea tan seguro que no avance ni se motive, haciendo lo mínimo para cumplir; y otra positiva, se elimina la tensión de qué será del trabajador que le impide rendir al 100% con ese miedo diario a fastidiarla.

La segunda es desde el punto de vista del trabajador. Éste siempre quiere seguridad, olvidarse de preocuparse por su futuro y poder invertir en su vida (hipoteca, familia, etc). Normal que luche por estabilidad, pero la empresa no es una ONG y debe pensar en sus resultados.

La tercera es desde el Gobierno, que debe pensar a la vez en la estabilidad social y en el crecimiento económico. Dependiendo de las tendencias del partido en el poder se inclinará a un lado u a otro. No es bueno inclinarse demasiado para uno de los dos lados: ni el modelo sovietico funcionó en el que todo estaba repartido pero todos pasaban calamidades, ni tampoco funciona el modelo plenamente liberal al estilo americano en el que las distancias entre los ricos y pobres es bestial, y la protección de estos últimos es inexistente.

¿Qué hacer pues?. En las épocas de bonanza económica se ha de aprovechar y meter más estabilidad social, en las de vacas flacas, favorecer a las empresas para que tiren del carro.

Pero las decisiones en este campo son demasiado sensibles y afectan siempre a un sector que se pondrá siempre en armas. El equilibrio siempre es lo mejor sin abusar nunca de ninguno de los lados.

(creo que este es el comentario más largo que hice en un blog, al que llegó a esto le doy un premio)



Blogger Josep dijo (23/3/06 14:57):  

Hala, Calcetín, va por ustede:

1. Me debes un premio (que se suma a los nosecuántos euros que me adeudas por promoción, te recuerdo).
2. No me soliviantes a la familia, a ver si van a aprender a leer sólo para dar por saco. ¡Malditos esclavos!
3. Lo jodido es harmonizar y linealizar, eso está claro. Pero a los ¿empresarios? que no se plantean su responsabilidad como empleadores les cantaría yo aquello de "Manolete, Manolete..."
4. La estabilidad no presupone el apoltronamiento, si se sabe manejar la situación. Hay otras vías, aparte de la amenaza institucionalizada, para evitar que la gente se apoltrone. Como sabes, el buen empresario es un buen gestor de equipos, un motivador y un conocedor de la pirámide de necesidades. Y, por otra parte, una cosa es saber que te pueden echar por manta, y otra que tengas asumido que te echarán pase lo que pase. ¿Acaso no quita las ganas de trabajar saber que tu contrato es papel mojado? Son los problemas de la Ley del Péndulo, I guess.
5. De todas formas, sigo pensando que aquí lo fundamental es eso que cita con razón mi brother sobre los empresarios que se preocupan de llevar para adelante la empresa, y no tanto de querer para-gobernar el país. Pienso ahora en el amigo Cuevas.



Blogger Calcetin dijo (23/3/06 15:20):  

Hombre, coincido en que saber a ciencia cierta que te van a echar es negativo, y eso te apoltrona en el lado contrario, en ese caso si que harás lo mínimo posible, lo suficiente para llegar vivo a ese plazo final.

Pero otro razonamiento, otro punto de vista: los que mueven la economía de un país son las PYMES. Estas luchan cada día por seguir adelante, el jefe sufre de infartos cada vez que un cliente se echa atrás en un pedido o el proveedor corta el suministro por falta de pago. El pequeño empresario no tiene seguridad en sus ingresos ni en su futuro. ¿Acaso es justo que si contrata a un trabajador, éste esté seguro y afianzado a largo plazo, sin temer nada más que la empresa cierre y entonces ya por narices se va a la calle?.
¿Por qué no se ve al trabajador como un socio que comparta también esa inseguridad?.

Sí, me estoy yendo al lado liberal, pero es que en la sociedad, en todas, hay mucha topiquismo con eso de "el empresario está forrado, y yo trabajo para él y no me llevo nada". De ese pensamiento tiene la culpa el sistema o los propios empresarios, que en las épocas de vacas gordas no hacen partícipes a los trabajadores, lo cuál lleva a que cuando hay problemas y son necesarios los ERE o despedir a Paco el de la porteria, el empresario "no puede" despedir y es el malo de la peli.

Creo pues que el problema está dentro de las empresas, y dentro del sistema que no aplica bien las tendencias al trabajador (solo aplica las malas, cuando va mal, va mal para el trabajador, pero cuando va bien, va mal para el trabajador igualmente).

Hace falta cambiar mucho el "ambiente" y acercarlo más al modelo japonés (salvando todas las distancias, todas) en las que el tandem empresario-trabajador se implica más en la empresa.

El premio era este re-comentario, se siente :)



Blogger Josep dijo (23/3/06 15:31):  

Pues yo no lo siento. Al contrario ;-)

¿Sabes cuál creo que es el problema? Que en este maravilloso país somos fieles seguidores de la tradición de recordar a Santa Bárbara únicamente cuando truena. Y a mí, que me hagan sentir partícipe de una empresa sólo cuando se me pretende para el puesto de extracción de castañas a altas temperaturas, pues me suena a recochineo, la verdad.

Y sí, no se trata de irse al lado liberal ni de calzarse un pasamontañas y ponerse a quemar contenedores. Todo estereotipo, por definición, ofrece una visión sesgada de la realidad. Ni creo que "los empresarios son...", ni creo que "los trabajadores son..." Cada cual es de su padre y de su madre, lo que ocurre es que en determinados casos hubiera sido positivo para la humanidad que según qué padres hubieran hecho uso de un preservativo de calidad.



Blogger Josep dijo (23/3/06 15:32):  

Errata: "de buena calidad", he querido decir.



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