El vuelo de la avutarda

 

1.3.06

El anonimato de putas y chiringuis de oficina

El lunes apareció publicado en los medios que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha abierto un expediente sancionador al Ayuntamiento de Barcelona por las identificaciones que viene realizando la Guàrdia Urbana entre las prostitutas que trabajan en la ciudad. Mientras el consistorio alega que quieren "evitar llegar a las denuncias y salvaguardar los derechos de las personas", la AEPD se pregunta quién recoge los datos, dónde los guarda y qué personas tienen acceso a ellos. Hombre, a primera vista no parece que el Ayuntamiento tenga intención de montar una línea de teleoperadores especializados en el sector, capacitados para buscar un servicio de urgencias a quien esté dispuesto a pagar una llamada. Las causas parecen más relacionadas con una voluntad de controlar hasta el pie que calza cada cual. Visto esto, ya se puede imaginar uno que la confidencialidad de los datos recabados está tan a salvo como cualquier otra identidad, sin distinción por razones de sexo, edad o profesión.

En la era de la comunicación, cuando muchas personas pasamos horas enganchados al teclado y al teléfono para acabar viviendo entre absolutos extraños, resulta curioso observar la fobia que tenemos a revelar nuestra identidad al resto de los mortales, como si eso nos protegiera de algún mal. Mientras que internet desvela (casi) hasta el color de nuestra ropa interior, pretendemos que no se nos conozca, que no se nos vea, que no se nos respire. Apenas intercambiamos un gruñido cuando nos cruzamos con el vecino, y no nos dirigimos a él si no es por cuestión de vida o muerte.

En ese contexto, puede ser que uno busque en Google el nombre de un antiguo conocido y halle su currículum al completo, sin que ninguna AEPD indague sobre quién guardó qué, dónde y a la vista de quién. Y también puede ser que, en una empresa de selección laboral, uno se encuentre con un semejante rellenando un formulario a la vista de todo el mundo, dejando patente su nombre, su dirección, su DNI, su profesión, sus dolencias y sus curaciones. El otro día me ocurrió algo así. Me enteré de la vida de un compañero de fatigas sin cruzar más que un saludo con él. Quizá él sea absolutamente celoso con sus datos privados. No sé si le vale la pena el esfuerzo.

Tags: Privacidad, Privacy, Datos personales

 

4 comentarios:

Blogger Ali dijo (2/3/06 08:32):  

Muy interesante la reflexión acerca de la privacidad de la información y el supuesto celo con el que protegenos nuestra identidad.

Estamos en la era en la que si alguien quiere saber algo de ti lo tiene todo a su alcance para conseguirlo, porque la información está circulante y no estancada como en otras épocas. Esto tiene sus pros y sus contras, por supuesto. Para la gente miedosa, supongo que esto supone un martirio.

Un beso (sin identidad :-P).



Blogger Sergio dijo (2/3/06 12:55):  

Yo me he encontrado ese caso también, de ver cosas de gente (y de mí mismo) en buscadores y quedarme flipao.
Lo de la privacidad es relativo. El banco conoce tu vida y milagros desde que te levantas hasta que te acuestas, sin ir más lejos. Vas a tráfico y resulta supersencillo pillar datos a raíz de una matrícula de coche.
También hay gente que no le importa demasiado. Mira el nuevo messenger o los perfiles msn, son la leche.



Blogger Calcetin dijo (2/3/06 15:16):  

En esta era todo es público, aunque siempre es más público lo de aquellos que descuidan esa protección de su privacidad. Con firmar en esas peticiones que te hacen por la calle, o rellenar un formulario para que te manden una muestra de perfume ya tienen "ellos" mucha información.

Pero no nos engañemos, el censo electoral es público cada 2 años, y la chapita de tu buzón también. A partir de ahí se sacan muchas cosas cruzando datos.

Lo del Ayuntamiento de controlar a los clientes es sólo para molestar. Todos esos impresos irán a una carpeta que algún día nadie sabrá dónde se ubica. Si alguien la roba podrá hacer gran negocio con el chantaje :)

Yo no uso esos servicios, tristemente denigrantes para las que los prestan y demasiado artificial y frio para los que los compran (soy un romántico), pero si los usara y me pidieran el DNI montaría un número porque la poli no tiene derecho a relacionar mi nombre con ninguna actividad legal. E irse de ... sigue siéndolo.



Blogger Josep dijo (2/3/06 15:24):  

Mientras las necesidades que te hubieran llevado al uso de esos servicios no te empujaran a montar el número con el policía en cuestión...



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