El vuelo de la avutarda

 

30.1.06

Venganza plástica en la cinta de Moebius

Fotograma de 'Munich'. Imagen: metroactive.com

Que el título del libro en que se basa Munich sea precisamente Venganza evoca ciertas lógicas, como que un ojo es igual que otro, y que un diente reemplaza a otro. Así, no resulta extraño plantearse cuál será la visión del director judío Steven Spielberg ante los crímenes perpetrados por el grupo armado Septiembre Negro y los asesinatos en respuesta atribuidos al Mossad. El cineasta narra omniscientemente cómo un grupo de palestinos secuestra y abate inesperadamente a once atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos de 1972 para luego ser perseguidos por medio mundo por unos agentes del servicio secreto israelí sin reparos en reventar paredes con tal de cumplir con su objetivo, cualquiera que este sea y venga de donde venga.

Es una apuesta valiente aunque llena de claroscuros. En un plato de la balanza, Spielberg sitúa las ingentes partidas destinadas por los gobiernos occidentales a la erradicación de células terroristas, y lo hace abusando de un recurso que ha sido tildado por algunos de antisemitismo: los agentes secretos justifican sus gastos con recibos, y cuentan y recuentan su dinero como usureros. El otro plato pesa menos. La facción de Al Fatah aparece esbozada como aquellos rusos malos de las películas americanas de la guerra fría, sin definir ni retratar ni mucho menos pormenorizar. Como un ente monocromo que hace actuar a sus miembros irreflexivamente y sin coordinación pero con eficacia, lo que abunda en el gran misterio de cómo organizaciones así pueden lograr tanto con tan pocos recursos. No parece creíble que la fe mueva tantas montañas. Será que nuestros ojos, nuestras cámaras, no perciben toda la realidad.

Si Spielberg ha querido obtener un producto duradero, lo ha conseguido. La película difícilmente perderá vigencia. El día a día lo demuestra en televisión. En un momento de la historia, el comando israelí se pregunta si todas las personas a quienes persiguen son merecedoras de la muerte. Llegan a plantearse por qué matar a un terrorista si las formas de su sucesor serán más violentas. Trasladada la pregunta al coordinador de los grupos de operaciones, este responde con una elocuente evasiva: ¿por qué nos cortamos las uñas? El conflicto árabe-israelí está resuelto sobre el papel desde hace años, pero sus protagonistas siguen corriendo a lo largo de una cinta de Moebius que gira a una velocidad cada vez mayor para no llegar a ninguna parte.

Spielberg trata los crímenes con una aparente equidad que ha propiciado que al director le lluevan bofetadas de todas partes, aunque el libro que ha adaptado sea una recreación y aunque el cineasta defienda la tesis de que la película contiene un "pedido de paz". Siguiendo la máxima de Wilde según la cual resulta imposible contentar a todo el mundo, lo mejor es que cada cual extraiga sus propias conclusiones del visionado de la cinta, que recrea espléndidamente la luz del celuloide de los años setenta retratando hechos y cábalas a lo largo de unos veloces 162 minutos que pasan bien a pesar del asincopado tempo que acompaña a la acción.

Llama la atención el choque de enfoques existente entre las secuencias que narran cómo el Mosad venga a los atletas asesinados y aquellas en que los palestinos asaltan la Villa Olímpica de Munich para cometer su atentado. En el primer caso, el espectador asiste a un esquema clásico de película de acción que culmina en un baile de fuego y rituales efectos especiales que no sorprenden ni impactan al espectador. Sin embargo, en el caso de los hechos que desencadenan la historia, mostrados en recurrentes flash-backs, Spielberg recurre a la impactante verosimilitud de la imagen de televisión para mostrar toda la crudeza de los actos de Septiembre Negro. ¿Se trata simplemente de un homenaje al circo mediático que rodeó el secuestro en 1972 o hay algo más? Depende del peso del ojo y del diente. El último plano de la película resulta revelador.

 

3 comentarios:

Blogger Sergio dijo (31/1/06 17:45):  

Te ha quedao guapo el cambio de "luc". Pero más impersonal, diría yo. (Supongo que aún te falta retocar más).
Tío, me vas a tener que dar clases de hrml, eh? pago bien.
Al tema: la vi el sábado y me gustó bastante. El principal problema es que es de ese tipo de películas que tiene una carencia y no sabes cual es (algo así me pasó con "Atrápame Si Puedes", del mismo director). Supongo que la carencia es que se nota el esfuerzo por hacer una obra maestra trascendental, más que por cuidar el resultado final. Creo que eso el espectador, subliminalmente, lo percibe.

Saludos.



Blogger Josep dijo (31/1/06 17:52):  

Asias, asias. No sé si lo retocaré mucho más. Será que la plantilla de antes era demasiado personal. Joer, que ya estaba agobiao de verme el careto tol día :-DDD

Ah, y de conocimientos de hácheteme ele ná. Lo que pasa es que copio mejor que los chinos y los japoneses juntos. I'm the great pretender.

Sí que pasa lo que dices en Munich y en Atrápame..., sí. Da la sensación de que se han ido mucho por las ramas para no rematar bien la faena. A mí, escribiendo (bueno, eso que hago yo), me pasa a menudo eso mismo. Este post de Munich, por ejemplo, me llevó un rato escribirlo y no estoy nada orgulloso de cómo me quedó. Supongo que se le llama dispersión. Ya se sabe: quien mucho abarca, poco aprieta.



Anonymous due dijo (31/1/06 18:27):  

Oye Josep....
que los acentos estropean el new look!!!
Ains...
No nos dejan prosperar!!!!!
Malditos...



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
Un intento de blog mantenido por Josep Camós
IBSN 0-000-1010-00


Website Powered by Blogger Trackback by HaloScan.com Creative Commons License Caja negra Valid XHTML 1.0 Transitional