El vuelo de la avutarda

 

19.12.05

Nada es para siempre

Julio Iglesias Puga. Imagen: HispavistaDe alguna manera lo pronosticó Màrius Carol el pasado jueves en TV3. No era natural que una persona tuviera descendencia cuando contaba con una esperanza de vida de menos catorce años. Y como la cosa no era natural, Julio Iglesias Puga, el Doctor Iglesias, Papuchi, ha muerto esta mañana, a eso de las siete, a causa de un encharcamiento derivado de un edema pulmonar. Se ha ido para siempre el terror de los árboles genealógicos, el prodigio de la cópula eficaz, la esperanza viva de la conservación de la especie. No verá nacer a su cuarto hijo. Los tres restantes, desde el futbolista metido a cantante, llamado Julio como su padre, hasta el lactante conocido como Jaime Nathaniel pasando por el mediano, que fue bautizado como Carlos, notarán seguramente la pérdida de ese familiar que más que padre les era bisabuelo o tatarabuelo o vayan ustedes a saber, que el árbol de la familia Iglesias es a estas alturas algo complicado de explicar.

No sentirá del mismo modo esa desaparición el conjunto de la humanidad, más que nada porque el Doctor Iglesias sabiamente pasó a través de la herencia genética todo su potencial engendrador a su descendencia. O al menos a su primogénito, el cantante. Ese que va por los sexto y séptimo vástagos, galardón concedido ex aequo hace cuatro años a sus niñas Cristina y Victoria, gemelas ellas. Claro que Papuchi tenía una ventaja sobre su hijo: como ginecólogo y jefe del departamento de esterilidad, infertilidad y planificación familiar de la Maternidad de Madrid, seguramente gozaba de información privilegiada. Y de un espíritu optimista, tal como dijo Pau Arenós sobre su "personaje de ficción favorito": sólo dándolo por optimista se entendería que, nonagenario el hombre, dejara otra vez embarazada a su mujer. Dijo Papuchi que a su edad tener un hijo era todo un privilegio. Y un milagro, hubiera añadido yo. En cualquier caso, ahora que el negocio familiar queda en manos del mayor de los hijos del Doctor, esperemos que el don recibido por el niño cantor se circunscriba únicamente a las artes copuladoras, porque de lo contrario podemos tener discos para aburrir a las ovejas hasta el año 2033, que ya sería mala pata. Los excesos son malos. Todos.

 

6 comentarios:

Anonymous Su dijo (19/12/05 23:31):  

Ya me gustaría llegar a los 90 años tan fresco como una rosa. La verdad que estaba hecho un chaval. lamento su muerte, me caia bien.
Besiños Josep.



Blogger Josep dijo (20/12/05 23:40):  

A mi ni me caía ni me dejaba de caer. Tenía un algo que me daba un poco de grima, pero a estas alturas ya sabéis que soy un pelín raro, así que...

De todas formas, reconocerás que aguantar a su hijo cantando hasta los noventa sería mucho aguantar.



Blogger Sergio dijo (21/12/05 12:29):  

A eso le llamo yo estar bien informado. Yo sólo he conocido al Papuchi del corazón, y qué quieres que te diga, para mí era un tío simpático que se movía últimamente por la misma carretera que tantos y tantos famosetes gilipollas a más no poder. Era un tío agradable, me reía mucho con él. Contagiaba algo, ¿no? La verdad, me ha dado pena.



Blogger Josep dijo (21/12/05 12:38):  

Insisto: no es que me cayera mal, es que... ay, no sé. Al final vais a conseguir que le dedique una elegía. Claro que yo mismo había sonreído alguna vez al verlo por la tele. Pero no puedo evitar culparlo por haber engendrado al pesao de su hijo mayor. ;O)



Anonymous due dijo (21/12/05 16:05):  

Pues a mí también me caía bien...

jejejejje ;D



Anonymous Su dijo (26/12/05 20:15):  

no te pongas sus discos!! yo hace años que no lo veo y no lo oigo, el en su miami y nosotros en nuestra españa!!! jajaja



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
Un intento de blog mantenido por Josep Camós
IBSN 0-000-1010-00


Website Powered by Blogger Trackback by HaloScan.com Creative Commons License Caja negra Valid XHTML 1.0 Transitional