El vuelo de la avutarda

 

27.12.05

Hagamos prodigios

Con legañas en los ojos, esta mañana han vuelto a sus ocupaciones la mayor parte de los trabajadores catalanes. Como cada año, un día después de que se hayan incorporado sus compañeros del resto de España. Sant Esteve es una fiesta más del calendario navideño catalán. El 26 de diciembre es sagrado en nuestra comunidad autónoma / comunidad nacional / nación / región / autonomía / país / cachotierra (táchese lo que no proceda). Y no es porque el protomártir Esteban, de quien se celebra la onomástica en el día más cercano al del teórico nacimiento de Jesús, ocupe en los corazones catalanes un lugar especial de reconocimiento a sus gestas en Jerusalén. La razón por la que el 26 de diciembre es festivo inamovible en Catalunya halla su origen en la ancestral necesidad de establecer un día de margen para que las gentes pudieran regresar de sus reuniones familiares y descansar convenientemente antes de reincorporarse al quehacer cotidiano.

Hoy en día, la razón por la que el día pertenece a los catorce festivos intersemanales casi produce risa. A falta de otras denominaciones, llamemos pragmatismo a esta forma de proceder. El mismo pragmatismo, supongo, que da lugar al antiguo refrán que afirma que "els catalans, de les pedres en fem pans" ("los catalanes de las piedras hacemos panes"). En los últimos tiempos, nuestros particulares oficiales de panadería, con agua, harina, sal, levadura y muchísimos complementos panarios apenas son capaces de sacar del horno una bandeja de bollos chafados. Será que las harinas son flacas y ni siquiera los mejorantes más sofisticados son capaces de dar un buen aguante durante la fermentación y un adecuado desarrollo en la cocción a lo que a todas luces tiene un fondo insuficiente.

No son buenos panaderos. Sólo así se entiende que transformen, a golpe de cambios de cartel, una pobre red de metro de cinco líneas en una pobre red de metro de cinco líneas más unas cuantas líneas de tren de vía estrecha inauguradas entre 1863 y 1912. Eso sí, ahora se les da números de líneas de metro y, de golpe y porrazo, tenemos casi tanto transporte público como Madrid, el eterno referente. Y todos tan contentos. ¿Que la Feria de Madrid gana peso por su forma de captar eventos en los últimos años? Anexionemos terrenos al recinto ferial existente, transformemos unos campos de chabolas en lo más parecido a Silicon Valley, construyamos más oferta hotelera que habitantes tiene la ciudad y, sobre todo, hagamos propaganda de todo esto a bombo y platillo. Seguro que si repetimos las cosas diez veces se convierten en verdad a los oídos de los ciudadanos.

Alegoría marina en la Vila Olímpica de Barcelona. Imagen: FOGABarcelona funciona a golpe de acontecimiento. Tras los cacareados Juegos Olímpicos de 1992, la ciudad quedó que no la conocía ni la madre que la parió. Eso sí, muy bonita. Diez años más tarde, las rondas que circundan la ciudad eran ratoneras incapaces de absorber el tráfico, las ventanas de los pisos de la Vila Olímpica, premio FAD de Arquitectura, caían (literalmente) sobre las aceras. Las plazas duras que se inauguraron con todo boato se convirtieron en grises parajes repletos de pavimento móvil decorado con materia orgánica canina y otros restos animales. El oro resultó ser del que cagaba el moro. Y, mientras, el artífice de todo el invento volvía renovado de su periplo americano con la confianza de haber dejado en la panalcaldía a un anestesista incapaz de hacer sombra a su olímpico recuerdo, lo cual catapultaría al adalid de la gestión municipal hacia el balcón de la Plaça Sant Jaume situado frente a la fachada que había ocupado durante tantos años.

Que tiene narices la cosa. Hasta en eso somos un hecho diferencial en nosotros mismos: durante veinte años, tuvimos situados en una misma plaza a dos enemigos políticos que se podían tirar chinas de un balcón al otro. PSC en el Ayuntamiento, CIU en la Generalitat. Ahora, ni siquiera tenemos ese refresco. Todo es mucho más uniforme, más tranquilo, más sosegado. La anestesia nos ha llegado hasta la médula, y sonreímos felices mientras el panalcalde de la urbe que todo lo controla baila al son de Carlinhos Brown. Prodigioso.

 

2 comentarios:

Anonymous su dijo (28/12/05 16:20):  

Si no lo he entendido mal, lo que quieres decir es que la ciudad olímpica y todo lo que se construyo con ella se cae a pedazos, no? pues vaya asco de playa... tantos millones para que dure un par de décadas... ¿es que los arquitectos y demás equipo ingenieril de la ciudad más importante de España no sabe construir mejor que los antiguos romanos? (vease el acueducto todavía en pie. Sinceramente me parece un timo si no es así.

Pd: por si no vuelvo de cirjosdania (o como se escriba) Feliz año!!!!



Blogger Josep dijo (28/12/05 17:06):  

Barcelona no es una ciudad; es una performance: bonita de apariencia, pero efímera. El mejor ejemplo de que, de visita, todos somos guapos.



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