El vuelo de la avutarda

 

29.11.05

... and a happy new year

¿Cómo sabemos que se aproxima la Navidad? Cuando uno tiene como mínimo una criatura en casa, deja de ser necesario que de repente pasen por televisión cuatrocientos anuncios de colonia, turrones y cedés por corte para publicidad. No hace falta mirar los escaparates de El Corte Inglés ni las calles adornadas por un concejal psicópata sin remilgos en dilapidar el presupuesto en un recibo de la luz imposible de asumir por el ayuntamiento. Nada de eso es necesario si se cuenta con un niño en casa. El nene será el encargado de recordar a sus padres que ha comenzado la campaña navideña. ¿La de los comercios? ¡No! La suya propia. Porque el niño es un genio del marketing. Un genio burdo, pero un genio al fin y al cabo.

La cosa viene a funcionar más o menos así: si el niño come sin que se le tenga que perseguir por toda la casa con el plato como si se tratara de una carrera de obstáculos entre puertas y sofás, si el crío se porta extrañamente bien y no se hurga la nariz en público ni siquiera cuando espera en la cola del supermercado, si obedece a todo lo que se le dice sin rechistar ni presentar batalla alguna, eso es un signo más que evidente de que la Navidad queda ya a la vuelta de la esquina. En su tierno cerebro se ha forjado la siguiente conexión de ideas: si soy bueno tendré una recompensa; si soy malo me comeré los mocos. Y como los mocos se los come ígualmente en cuanto tiene ocasión, le sale a cuenta ser bueno, aunque sea por unos días.

Así que sumergidos en el espíritu navideño podemos salir de compras, que es lo preceptivo en estos casos, y quedar maravillados por los adornos que contra todo pronóstico se agolpan en las tiendas hasta que los consumidores, también contra todo pronóstico, acabemos comprándolos. Hace unos años tenía la extraña idea de que nada podía empeorar aún más la Navidad como concepto estético. Iluso de mí. Murphy dejó paso libre a las industrias chinas de la ¿decoración? y así comenzamos a recibir en nuestro entorno papanoeles con trajes blancos ribeteados en oro de mentirijillas, absurdos arbolitos de color rosa y espantosos manteles con trineos brillantes. Eso no es asimilar las costumbres de una cultura; eso es atentar silenciosamente contra ellas.

Navidades todo el añoEn Amsterdam, frente al Mercado de las Flores, hay una tienda que vende artículos navideños durante todo el año. Incluso en pleno julio, cuando los que vivimos en el hemisferio Norte somos incapaces de concebir una Navidad a más de 20 grados centígrados. Cuando lo supe, decidí cuál sería el motivo por el que yo perdería los nervios como el personaje de Michael Douglas en Un día de furia (Falling down, Joel Schumacher, 1992). No sería necesario que me echaran de mi puesto de trabajo en el departamento de Defensa. Bastaría con que me hicieran dependiente en una tienda como aquella, donde los niños comen cada día, se comportan siempre y obedecen a cuanto se les dice. Porque allí cada día es Navidad y no queda el consuelo de saber que, antes o después, llegará enero.

 

4 comentarios:

Anonymous due dijo (30/11/05 18:39):  

Odio la Navidad!!
Please paso palabra...



Blogger Sergio dijo (1/12/05 19:05):  

¿Cómo sabes que ha llegado la navidad?
Cuando he de gastarme un chorro de euros para demostrarte que te quiero...

Tampoco me gusta mucho, como ves. Es la peor y más triste época del año, con mucha diferencia. Las luces, el ambiente, el espíritu del que tantos hablan lo inventó una sociedad consumista.
Otra cosa que he de decir es que cada año digo lo mismo, y me da rabia por ser menos original que tantos...
La verdad, me entra mala cosita por el cuerpo cuando a alguien que no conozco más que de hola y adiós, me vea un 31 de diciembre por la calle y me grite "Sergio, feliz año nuevo". Me entran ganas de decirle: Paco, o como te llames, jódete con mi dedo apuntando al norte. Serán falsas costumbres, como esas frases tipo me alegro de verte y otras tantas.



Blogger Josep dijo (2/12/05 00:11):  

Yo pensaba lo mismo que vosotros, hasta que me di cuenta de que podía ser más duro todavía :-DDD

No, fuera rollos. La Navidad ni me fu ni me fa, pero con una cría en casa tiene su puntito (Quién me ha visto, amigo, y quién me ve).



Anonymous Su dijo (5/12/05 22:37):  

Jajaja jaja si soy wena tendré recompensa.... jajaja
A mi me pasa igual que a todos los demás, cada año que pasa detesto más todo el ritual y sobre todo por las cantidades ingestas de comida que malgastamos, eso me pone de muy mal humor, y sin hablar de las 200 cenas que surgen en este mes (como si no se pudieran repartir el resto del año). Y si este fin de año, alguien me vuelve a decir: tenemos que quedar para ponernos al día de nuestras cosas (se entiende que es alguien con el que hace años que no te hablas y que no deseas hablar) entonces seré yo la que se ponga como Bill Murray...
Y lo de tu niña lo entiendo, yo creo que haría lo mismo!! impregnar un poco de magia a todo este irrefrenable consumismo.
Más besiños.



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