El vuelo de la avutarda

 

13.9.05

Venga, rubia, que se me lo llevan de las manos

Siempre me ha llamado la atención la existencia y persistencia de los mercadillos ambulantes, esos que una vez por semana se establecen en una población y transforman las calles principales del lugar en una galería comercial de tubos metálicos, toldos y uralitas. Allí se pueden adquirir los artículos más variados: desde una camiseta cuyo alucinógeno estampado chillón intenta imitar la moda de unos doce meses atrás, pasando por las socorridas zapatillas de estar por casa que habrá que probarse a la pata coja sobre un trozo de cartón tirado en el suelo, hasta la siempre popular ristra de ajos ofrecida a gritos por una señora de edad indeterminable, vestida de negro de los pies a la cabeza, y que carga sobre la cadera un mochuelillo de unos meses que le chupa la teta. Tampoco suelen faltar las paraditas en que se venden mecheros, gafas, cinturones, pilas y bobinas de CD, sin que nadie sepa explicar qué vínculo une a artículos tan dispares para que estos puedan venderse en un mismo establecimiento.

Porque la palabra justa es establecimiento. A eso de las seis o las siete de la mañana llegan furgonetas y camiones al lugar donde el ayuntamiento les permite colocarse, y a golpe de martillo empiezan a establecerse sin importar si despiertan o no a los vecinos. Al fin y al cabo, son la alegría del pueblo. Sin ellos, no habría vida en la población. ¿Qué sería de todos nosotros si, Dios no lo quiera, finalizara la sana costumbre de vender en medio de la calle tomates, pepinos y morcillas al lado del más variado menaje para el hogar? ¿Cómo sobreviviríamos sin ellos?

Me chocan cuatro principios fundamentales que rigen en los mercadillos:

  1. El emplazamiento perfecto para un mercadillo es una calle habitualmente transitada de la población. Si puede ser la calle principal o mayor, tanto mejor. De esta forma, entre el corte a la circulación, los camiones y furgonetas mal aparcados con la connivencia del ayuntamiento y la policía local de turno, y la afluencia de vehículos de los compradores, se genera un perfecto caos alimentado por aquellos que, confundiendo la zona acordonada con aquella que no lo está, saltan al medio de la calzada a pie para erigirse en blanco perfecto de cualquier atónito automovilista.
  2. En el mercadillo reina una versión sui generis de Ley de la Selva. El que más grita, la garganta más se irrita. Lo cual no quiere decir que venda más. Pero sí hace que se note más su presencia para que (se supone) los clientes se detengan a observar los productos puestos a la venta. Y en algunos casos, se potencia que el género esté deliberadamente desordenado, como si lo hubiera destriado una panda de monos.
  3. Los vendedores de alimentos no parecen estar sometidos a las leyes de manipulación de alimentos cuyo cumplimiento se exige a cualquier vendedor con un local comercial de los de toda la vida. Sin embargo, los clientes se vuelcan en las paradas como si los comerciantes de cada día obtuvieran el género de diferentes distribuidores o mercados centrales que los ambulantes.
  4. Tras la jornada de trabajo y habiéndose abierto la zona al tráfico, el lugar queda hecho un asco a falta de que los servicios de limpieza municipales pasen la escoba por un lugar repleto de cajas de cartón, hojas de lechuga y bolsas de plástico que nadie ha tenido reparos en dejar tirados por toda la zona invadida. Entre todos pagamos la guarrería de unos pocos que, además, ganan dinero a la vez que ensucian.

No sé si son impresiones mías, pero esto del mercadillo me suena algo trasnochado, teniendo en cuenta la profusión de comercios que tenemos hoy en día. En fin, para gustos se hicieron los colores, dicen...

Mercadillo

 

3 comentarios:

Me encanta una frase: "La que sabe, se aprovecha!!!!", vamos que las que no compramos nos están llamando burras a toa la cara. :)
Un beso ambulante.



Anonymous Josep (14/09/2005 15:51) dijo (11/11/05 18:36):  

Juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa juaaa ayyyy osti tuuu... Ay, qué dolor tengo aquí ahora...



No sabía que el chiste fuera tan bueno!!! XD



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