El vuelo de la avutarda

 

14.9.05

Sangre sobre oro

Cuenta la leyenda que el Conde Guifré el Pilós, hará unos 1200 años más o menos, tuvo la ocurrencia de caer en una de tantas batallas que han tenido lugar contra los magrebíes a lo largo de nuestra historia, concretamente hasta que a Miss Camiseta Sudada 1492 se le hincharon las narices, y como decía Alexis Valdés alzó los brazos y al tremebundo grito de "morooos, idos a vuestra puñetera casaaa" dejó K.O. a sus oponentes, posiblemente a causa del perfume embriagador que exhalaban sus sufridas y húmedas axilas, castigadas por la promesa algo insalubre de no cambiarse la muda hasta ver reconquistados los reinos de Castilla y Aragón.

Decía que en la caída de Guifré, que debió ser dolorosa pues le causó la muerte, y hallándose en su último lecho, tuvo el hombre la humorada de introducir cuatro de sus dedos en las heridas que decoraban su cuerpo y, con la sangre que brotaba de su interior, tiznar a dedazos un escudo dorado, como si de un artista pop adelantado a su tiempo se tratara. De ahí saldría la senyera, bandera propia de Catalunya. Y, ahora que lo pienso, quizá surgiera también de ahí el mito de que los catalanes nos hacemos una herida para aprovechar una tirita que encontramos. En esta ocasión, según la leyenda, el Conde aprovechó lo que quedaba de su vida para crear una enseña.

Si esto fuera Shrek, ahora vendría cuando muchos diríamos lo de "y voy yo y me lo creo". Pero aunque haya tropecientos historiadores que hayan desmentido el mito de la bandera diseñada a golpe de sangre y dedos, y a falta de un informe pericial de los CSI de la época que, no nos engañemos, ya no llegará, por el Artículo 29 tomo la leyenda como punto de partida para intentar entender el déficit sanitario que últimamente vuelve a las portadas de los periódicos. Sí, señoras y señores. Uno de mis temas predilectos vuelve a ser noticia [redoble de tambores]: la sanidad pública.

Esta mañana he tenido yo visita con el cirujano que algún día quizá pueda operarme por fin de una dolencia que me trae por el camino de la amargura. Es la segunda vez que nos vemos, y sigo sin saber cuándo acabará mi martirio. Pero lo peor de todo es que él también lo ignora. Se me queja, de tapadillo, de que durante el mes de agosto sólo tuvo acceso a un quirófano de todos los que posee el Consorcio Hospitalario, que cuenta con 76.500 m2 de extensión,  una capacidad de 765 camas y la posibilidad de realizar más de 25.300 intervenciones quirúrgicas en un año. Un enjambre asistencial que entre los años 2001 y 2003 realizó una inversión de más de 600 millones de euros, pero que parece insuficiente. Los habitantes que le corresponden por su área de influencia están cifrados en torno a 400.000, pero el año 2003 atendieron a casi 500.000 visitas (no confundir con habitantes) entre urgencias, intervenciones y consultas externas. Hay algo que no me cuadra.

No cuadran las cuentas. Eso está claro. Siempre se dice que la sanidad pública tiene un problema de déficit. Y las cifras lo corroboran. ¿Falta dinero para la sanidad? Sin duda. ¿Está mal presupuestada? Depende. ¿Qué esperamos los ciudadanos de las sanidad pública? Normalmente diremos que queremos recibir un trato digno, ágil y eficaz. Siendo honestos, demandamos de la sanidad lo que no obtenemos del resto de la sociedad. Nos operamos de enfermedades relacionadas con el corazón y el sistema respiratorio por no dejar de fumar. Reemplazamos piezas dentales por deficiencias en nuestra alimentación y en el mantenimiento de nuestra boca. Nos intervienen de hernias producidas por mala higiene postural en un esfuerzo realizado en el trabajo.

No queremos saber nada del dolor, puesto que damos por hecho que la Ciencia ha logrado doblegar cualquier respuesta de la Naturaleza. Y así exigimos de la sanidad pública que esté siempre a la altura de nuestras expectativas, con los últimos avances de la medicina que vemos por la tele. Si nosotros hemos comprado en los últimos meses una enorme pantalla de plasma, un ordenador que le da mil vueltas al del vecino y un home cinema que tiene aterrados a los perros de todo el vecindario, ¿por qué no van a hacer lo mismo aquellos que se dedican a la salud, que es lo que importa? Hemos creído entender algo sobre un nuevo avance médico que ha aparecido en alguno de los cien canales de televisión que nos llegan vía satélite. Como pertenecemos al primer mundo, damos por hecho que nuestros hospitales públicos deben estar dotados de esas mejoras. 

"No cuadran las cuentas". Releo esta frase mientras veo por la tele un anuncio de la Generalitat de Catalunya, que tiene transferidas las competencias en materia de sanidad. Ya me da igual lo que aparezca en el spot. Llevo muchos años viendo ese mismo panfleto que quizá dice cosas diferentes pero siempre suena igual. Y cuatro partidos políticos han pasado ya por ahí. Ya no es cuestión de qué formación ocupe el balcón de la Plaça Sant Jaume. Hasta un okupa instalado en el Palau de la Generalitat acabaría firmando los documentos necesarios para producir el anuncio que nos dice que el Govern trabaja mucho por nosotros, por los ciudadanos, y que invierte cuanto tiene en todas las infraestructuras que permiten que seamos la leche. Alterno mi mirada hacia la tele con un vistazo a mis papeles del hospital, meneo la cabeza y cada vez me lo miro todo con mayor escepticismo.

Entiendo que se quiera hacer país, entiendo que se quiera preservar nuestra identidad cultural, entiendo que pueda quedar mucho por hacer, hasta entiendo que se quiera remodelar el Estatut si se quiere poner al día, más que nada porque de lo contrario mi posición resultaría incoherente con mi proclama de que la Constitución es modificable sin que por ello sea necesario rasgarse las vestiduras. Yo entiendo que se ejecuten cuantas medidas resulten favorables para Catalunya en su conjunto, pero no a costa de los quirófanos de nuestros médicos, no a costa de la sanidad nuestra de cada día, no a costa de Catalunya ciudadano a ciudadano, porque si se opera así resulta que la leyenda de Guifré el Pilós no sólo es cierta, sino que además se está llevando a cabo en nuestros días: con nuestra sangre se está pintando cada día la senyera sobre el dorado fondo del erario público.

Agonía de Guifré 'el Pilós'

 

2 comentarios:

Buenísimo el redoble de tambores. Pero tengo que decirte que el cirujano te ha metido una bola de campeonato. Ese se ha pasado el mes de Agosto en las Maldivas o en Haití, o en cuba, o como muy poco en Marbella.... donde se ha visto que tanto quirófano junto todo ocupao... eso debe ser a la hora que precede al pincho del mediodia, que luego no hay ninguien.... jajaja
Bueno como siempre y ahora hablando en serio, crítica constructiva. Y digo yo: que pensará el president de todo esto?
Besiños



Anonymous Josep (15/09/2005 21:53) dijo (11/11/05 18:38):  

Pues si consultase este tema directamente con Pasqual Maragall, quizá él me echaría un discurso con mucha retórica del tipo "Apreciado ciudadano: tenemos en cuenta su opinión, trabajamos continuamente para mejorar la sanidad pública catalana y por este motivo intentamos que todo el mundo comprenda lo interesante que sería modificar nuestro Estatut, a fin de poder llevar a cabo las mejoras necesarias en problemas del día a día de nuestros ciudadanos como este que Usted observa". Dicho lo cual, el Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya tomaría su coche oficial (uno de esos que se compra a tanto el metro lineal) para trasladarse unos 900m desde la Plaça Sant Jaume al Restaurante Set Portes, uno de esos en que te cobran por pasar de la puerta, a degustar una zarzuela de marisco a mi salud, y por extensión a la salud de todos los catalanes.

¡Salud!



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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