El vuelo de la avutarda

 

21.9.05

Radares de Zumosol

No puede haber sociedad sin control social. Esta es una afirmación básica en sociología, como lo es en cromatografía que todo tono verde proviene de los primarios azul y amarillo. Cuando hablamos de control, se hace difícil esquivar el concepto de represión. Porque un control social sin un método de represión no es efectivo. En un grupo social primario, imaginemos un entorno laboral, una guardería o una minúscula aldea, se establecen unas normas de conducta que se refuerzan en mecanismos como la persuasión, la ridiculización, el rumor y el insulto. Cuando las sociedades son más complejas, una mayor complejidad caracteriza a los sistemas de control y represión que se establecen. Si se quebranta la norma, la sociedad impone un castigo que, teóricamente, debe servir para evitar nuevas desviaciones.

El control social no siempre se debe a la verdad. Un niño puede coaccionar a sus compañeros de clase anunciándoles la llegada de su primo, el de Zumosol, presto a defenderle de cualquier ataque aun cuando la existencia de este sea un farol. Sin embargo, el tahúr corre el riesgo de que sus dotes interpretativas no sean suficientemente sofisticadas, su engaño se descubra y que, como mínimo, su particular sistema de control y represión se vaya a pique. Siguiendo el razonamiento, de quedar al aire la mentira del fantasioso niño, es más que posible que sus compañeros le pierdan cualquier tipo de respeto y lleguen incluso a métodos algo expeditivos para comunicarle su desagrado por el control efectuado sobre sus personas a partir de una mentira.

Si echamos la mirada hacia una sociedad algo más compleja que el patio de una escuela, tenemos que más de un conductor entiende que hoy en día, con la calidad de los vehículos que se hallan circulando por nuestras vías, los límites de velocidad establecidos están desfasados. Es decir, se sienten engañados como los niños que habían llegado a creer en el primo de Zumosol. La prueba patente es la gran cantidad de coches que circulan de facto por nuestras vías a una velocidad ligeramente superior a la permitida y sin mayores complicaciones, tanto en lo que respecta a los límites genéricos como a las prohibiciones específicas sobre un tramo concreto. Porque para que la norma establecida sea seguida por el grupo al que atañe, esta debe contar con el beneplácito de ese grupo. Es decir, una norma no aceptada difícilmente será respetada.

Ahí quedan todas esas temporadas en que una serie patrullas equipadas con radares sólo han alertado de los excesos de velocidad, sin establecerse sanción alguna contra los infractores. ¿Era una tregua informativa o realmente no existía el peligro de circular a una velocidad superior a la permitida? Una vez me multaron por exceso de velocidad. Cometí la temeridad de circular a 68 km/h en un tramo restringido a 60 km/h. Al poco tiempo, cambió la Ley y resultó que yo había pagado 20.000 pesetas de aquel entonces (120 euros más o menos) por una infracción que ya no existía. Aquel día descubrí que el primo de Zumosol era una entelequia.

Evidentemente, hay posturas contrarias a esta, que defienden que en un país como el nuestro, donde lo importante es alardear y la pasión invade cualquier actividad, dar libertad de acción a los conductores tendría efectos similares a los resultantes de vender armas en un supermercado. Sin embargo, cuando vemos el automóvil como un arma y no como una herramienta, algo me hace pensar que el problema no está en la señalización de las carreteras, sino en la concesión de permisos de conducción. Recuerdo con añoranza los tiempos en que yo estudiaba en la autoescuela. Ya por aquel entonces, se hablaba de la doble vía para obtener el permiso de conducción. Había gente que hacía las clases prácticas justas para acudir al examen. Otros, mientras, aprendíamos a conducir a precio fijo. Jamás he dudado que opté por lo correcto.

Batallitas del abuelo Cebolleta aparte, hoy he sonreído maliciosamente al leer el comunicado de EFE que narra cómo el pasado jueves los Mossos d'Esquadra identificaron al causante de graves daños en uno de los nuevos radares colocados en Barcelona. La misma policía admite que la persona identificada no es el responsable de todos los destrozos ocurridos en los dispositivos de control, en total siete radares inutilizados en las vías de acceso a la ciudad. ¿Qué significa esto? Que la gente no ha creído en el primo de Zumosol. El responsable de Seguridad Vial ha querido marcarse un tanto colocando radares en los puntos en que las carreteras y autopistas se convierten en avenidas de la ciudad, pese a las críticas de colectivos como el RACC, y le ha salido el tiro por la culata. La gente ha interpretado el gesto como ansía recaudadora y ha obrado en consecuencia.

Soy consciente de que la mía es una sonrisa estúpida, porque de alguna manera jaleo al infractor y, además, cargaré con una parte de los 35.000 euros de destrozos según la valoración que ya se ha efectuado. Pero no puedo hacer otra cosa que solidarizarme con el sentido común que ha hecho salir a la luz lo absurdo de unas supuestas medidas de seguridad que, según creo, contribuirán a la siniestralidad a las entradas de Barcelona: ¿quién pasará de 120 km/h a 50 km/h para conocer muy de cerca al conductor que siga a su vehículo? Yo prefiero mantener mi integridad física, aun a riesgo de perder la integridad moral y algo de nivel económico.

Señal restrictiva

 

2 comentarios:

uffff menuda clase de sociología, de zumos y de carnés de conducir.... me he enterao de to pero ha sido tanto el esfuerzo que no se me ocurre que comentar al respecto. Nos han engañado toda la vida, ¿que hay, si no, del coco que nos venía a comer? Y bueno, yo pienso que se puede ir más despacio en esta vida; pero claro los atascos no ayudan mucho a continuar con esa filosofía. Un besiño.



Anonymous Josep (22/09/2005 17:52) dijo (17/11/05 13:00):  

Esta noche cuelgo algo más ligerillo, je je...



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
Un intento de blog mantenido por Josep Camós
IBSN 0-000-1010-00


Website Powered by Blogger Trackback by HaloScan.com Creative Commons License Caja negra Valid XHTML 1.0 Transitional