El vuelo de la avutarda

 

17.9.05

Papiroflexia por prescripción facultativa

"Este anuncio es de un medicamento. Lea atentamente las instrucciones de uso. En caso de duda consulte a su farmacéutico". Lo hemos escuchado en la tele cienes y cienes de veces. El recurso de la pantalla azul con las tres frases rotuladas en blanco es una especie de estándar cuadriculado que se impuso en publicidad hace relativamente poco tiempo. Muchos recordamos aquellos subtítulos que pasaban por la última línea del spot como una exhalación sin que nadie fuera capaz de entender ni una sola letra mientras el texto, mucho más complejo que el actual, lo leía a toda velocidad un locutor que parecía que tenía prisa por ir al baño en medio de un apretón, que sólo con oírlo ya te ahorrabas el dinero del laxante porque por empatía salías por piernas.

Eran otros tiempos. Entonces no sabíamos que podíamos consultar al farmacéutico, y colapsábamos las salas de espera de los ambulatorios, a diferencia de lo que sucede ahora, que no colapsamos las salas: colapsamos las salas, los pasillos, el lavabo y, si nos dejan, hasta nos sentamos en el mostrador de información. El otro día se encontraron a una señora ya mayor que se había quedado encajada en el interior del armario donde guardan las peticiones de radiografías al hospital de referencia de la zona. Claro, como no las tramitan nunca, pues ese armario no se abría. Y cuando la octogenaria señora salió del armario, mostró su decisión de casarse con la administrativa interina que había tenido la ocurrencia de abrir la puerta para explorar el contenido de aquel mueble. Y ahora va a explorar situaciones que nunca antes hubiera dicho que le iban a tocar tan de cerca.

Así que en la actualidad es el mismo farmacéutico el que puede atender nuestras consultas, ¿no? Pues esta mañana he ido a la farmacia que queda más cerca de mi lugar de residencia, a unos 4 km más o menos, que ya sé que en cuanto me cambie de casa pondrán dieciocho farmacias en mi barrio, y he cogido al Licenciado Romagosa por el cuello de su bata impecable y le he dicho, muy finamente: "me lo explique". El hombre ha puesto una cara de susto que parecía querer decir "el que tendrías que explicármelo eres tú, tío sonao". Yo, aprovechándome de mi clarividencia y mis sobradas dotes adivinatorias, he comprendido su mirada y, soltándolo con un gesto de desdén perfectamente ensayado ante el espejo, le he explicado mi problema con el medicamento que me vendió ayer.

A ver, el color está bien, la talla me sienta perfectamente, pero el prospecto viene a ser como una mini caja de Pandora, que una vez abierta ya se ha liado la de Dios es Cristo, y no hay ídem que lo devuelva a su forma original. A mí siempre me ha maravillado cómo algunos fabricantes asiáticos (no sé por qué, pero siempre son asiáticos) son capaces de introducir en una caja diminuta un aparato mayor que la caja que lo contiene, con el cable bien enrollado y cuatrocientos quince complementos debidamente encajados en el embalaje, sin que la caja pierda al final su forma de perfecto prisma rectangular. Que luego, una vez lo has sacado, ya nunca más lograrás meter el chisme de nuevo allí. Aunque te dejes piezas fuera, la caja ya ha sido inutilizada para siempre jamás. Que cuando en la tienda preguntas "oiga, y si no me va bien, ¿puedo devolverlo?", ves cómo el dependiente reprime una carcajada al decirte "sí, claro; si lo devuelve con el embalaje original no hay ningún problema".

Pues ocurre lo mismo con los prospectos de los medicamentos. Una vez los has desplegado, no hay narices de volverlos a doblar como venían de fábrica. A razón de lo cual se me ocurren varias preguntas. La primera: ¿para qué te lees el prospecto, si no entiendes nada de fármacos? Vamos a ver, eso es evidente: si entendieras de medicamentos los estarías recetando o vendiendo, y no te sería necesario leerte el prospecto. Y si no eres médico ni farmacéutico, ¿qué pretendes? ¿Hacerte el chulo o caer en una depresión? Porque la mayoría de las veces los efectos secundarios de los medicamentos llegan a ser contraproducentes con el mal para el cual tomas el fármaco: algún analgésico he visto yo que advierte de que puede producir dolor de cabeza. ¿Alguien lo entiende? Como no sea para que el usuario entre en una espiral de consumo de analgésicos...

Mi segunda duda es: ¿por qué los laboratorios contratan a dementes para doblar los prospectos de sus productos? Porque no me creo yo que una persona en sus cabales sea capaz de plegar así un papelito. Que cuando éramos pequeños, en el cole jugábamos a doblar un papel por la mitad, luego otra vez por la mitad, luego por la mitad, y así hasta ver quién era capaz de conseguir reducir a la mínima expresión el tamaño de la bolita, que al final con el calor y el sudor de las manos era una especie de moco celuloso de un color indescriptible. Pero, eso sí, el chaval que lo conseguía se sentía todo un triunfador. Luego había uno, el Ballesteros, que hacía otras cosas con una hojita de papel de fumar en el baño, pero no sé bien cómo iba aquello, primera porque el Ballesteros era un tío que había repetido como dieciocho veces, que en la fila sobresalía por encima de todos, con su barba y sus greñas, y como para preguntarle algo a aquel individuo, y aparte porque al final lo expulsaron del colegio y se lo llevaron los servicios sociales del ayuntamiento.

Mi tercera duda es la siguiente: si hace unos años el Gobierno obligó a que los laboratorios dejaran de externalizar la redacción de sus prospectos a literatos nipones, que como novelistas serían magníficos pero escribiendo manuales de uso de medicamentos se les entendía menos que a Darth Vader comiendo polvorones, ¿por qué no pidieron a la industria farmacéutica que doblara los prospectos en unas condiciones lógicas? ¿Tanto cuesta?

Mientras no hallo respuesta alguna a mis dudas, sigo peleándome para plegar el papelito e introducirlo de nuevo en la caja. ¿Quién me mandaría a mí intentar ver si estas pastillas podían interferir con la salud de un feto, si yo no estoy embarazado ni creo que pudiera estarlo? Además, no bebo ni fumo ni pienso conducir o manejar maquinaria peligrosa hasta que no haya logrado meter el prospecto en la caja de donde nunca debía haber salido.

Prospecto imposible de plegar

 

5 comentarios:

Anonymous __RubenBCN__ (17/09/2005 19:23) dijo (17/11/05 12:37):  

Los q diseñan prospectos son los suspendieron la carrera superior de plegadores de mapas de carreteras...



Anonymous Avazlon (17/09/2005 19:50) dijo (17/11/05 12:38):  

Wenas, me he pasado por aqui porque mi buen amigo el del space de http://spaces...../mindcentral o algo asi lo recomienda, y veo que no se equivoca en nada. He de felicitarte por todos los ejemplos de problemas de la vida cotidiana que tenemos las personas. Yo tambien me he preguntado alguna vez como hicieron para meter los prospectos a los medicamentos, debieron llamar a Ethan Hunt para que les enseñara porque sino no se otro motivo. Sin mas que decir me despido. Saludos de Avazlon (Gijon)



Anonymous Josep (18/09/2005 14:38) dijo (17/11/05 12:38):  

¡¡¡Premio para Rubén!!! Los catearon y ahora se vengan del mundo entero, como los malos de las pelis de serie B.



jjajajajaja te has fumado un porro? jajaja



Anonymous Josep (19/09/2005 21:04) dijo (17/11/05 12:39):  

Joder, Su, ¿y qué querías que hiciera con el prospecto, si al final no fui capaz de devolverlo a la caja?



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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