El vuelo de la avutarda

 

29.9.05

Llamadas perdidas

Paseaba uno de estos días por un centro comercial cuando me di de bruces con un extraño artefacto, desconocido por mí hasta aquel momento. Tenía una apariencia híbrida entre cabina telefónica y cajero automático. Me acerqué con curiosidad y vi que las apariencias no engañaban demasiado. Se trataba, efectivamente, de una cabina a la que habían adosado un ordenador con conexión a Internet, capaz de navegar, enviar correo electrónico y sabe Dios cuántas maravillas comunicativas más. Vamos, lo ideal para permanecer conectado hasta cuando uno pasea por un centro comercial con la única intención de desconectar del mundo.

La Cabina

Como no podía ser de otra forma, yo, que no me considero tecnófobo precisamente, estuve jugueteando con la pantalla táctil y el teclado de metal hasta que me cansé de que me apareciera en pantalla el eterno mensaje "Crédito insuficiente". Es que para jugar con un aparato así no meto yo un euro. Total, tampoco habría agotado el cuarto de hora de conexión que aquel aparato me brindaba por esa módica cantidad, ya que debía continuar mi deambular por el lugar. Y, después de todo, si en casa tengo un ordenador conectado a Internet siempre que quiero, ¿para qué gastar tontamente? Así que habiéndolo trasteado todo, me retiré unos pasos. Entonces, sonó un timbre electrónico.

Al principio no presté atención. Hay tantos teléfonos móviles sonando continuamente que me cuesta hacer caso incluso al mío propio. Sin embargo, el ruido no cesaba. No daba crédito a lo que estaba escuchando: era el teléfono de aquella cabina, que sonaba. Como en las películas americanas. Hasta donde alcanzan mis escasos conocimientos de telefonía, los aparatos públicos de España no envían su número al destinatario de la llamada, sino que quedan como "número oculto" o "número privado" o simplemente "desconocido". Pues bien, alguien conocía el número de aquel teléfono, porque estaba sonando sin parar. ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? Por unos segundos dudé.

Imaginándome envuelto en una oscura trama sin yo pretenderlo, escudriñando a mi alrededor en busca de una papelera de donde a buen seguro debería extraer una bolsa de deporte negra en el interior de la cual se encontrarían varios fajos de billetes de pequeño valor y sin marcar con que pagar sabe Dios qué operación difícil de justificar, descolgué el auricular y lo acerqué a mi oído. Me quedé en silencio por si resultaba que aquello formaba parte de una promoción y lo único que debía hacer era poner la oreja y el interés por el producto ofertado,  Tardé, pues, un par de segundos en musitar un tímido "¿sí?"

Al otro lado de la línea, escuché la voz de un hombre igual de descolocado que yo. "¿Hola?" "Hola", respondí yo, llegando la conversación a un punto de partida por fin. "Es que he recibido una llamada desde este número", dijo él. Yo le conté que en realidad aquello era una cabina, y él me dijo, extrañado, que había visto en pantalla una llamada perdida de un número rarísimo, pero que no tenía ni idea de quién podía tratarse. Entendí que, en su atolondramiento por la situación, no me había escuchado bien. Se trataba de una cabina, y yo había descolgado porque pasaba por allí, pero no sabía quién podía haberle llamado. Curiosamente, se disculpó, cosa que en caliente no evalué pero luego no dejó de sorprenderme. Nos saludamos y dimos por zanjada la comunicación.

A veces la vida tiene estas situaciones curiosas. Al reflexionar sobre este episodio, recordé al personaje de José Luis López Vázquez en La cabina (Antonio Mercero, 1972). No sé por qué me vino la historia a la cabeza. Quizá por lo surrealista de la situación. Afortunadamente, hace ya años que las cabinas carecen de puertas porque, si no fuera así, seguro que yo habría acabado como él. ¿Y qué? Pues nada, pero tenía ganas de explicarlo.

 

5 comentarios:

:D Y si fuera un cámara oculta? jajaja, te imaginas que eres la víctima de una broma de esas de las que luego la gente se rie de ti, sentada en su sofa? La verdad que es una historia un pelín surrealista. Cuando pondrán aparatitos de esos para usar mientras esperas vez en la charcutería?... podría ser muy util... XD XD



Anonymous DUE907 (29/09/2005 14:26) dijo (17/11/05 19:12):  

Jejejejejejeje...Me encanta tu "novela negra"de hoy!!Muy original...y es que desde luego es un arte, hacer un relato de los hechos más insólitos del día a día! En fín, decirte que me ha hecho sonreir en un dia tan gris como el de hoy... Lo de la música, res de res... Lo intentaré más adelante, cuando lo de poner música sea mi mayor problema. Al menos he podido poner un contador (aunque no tengo ni la más remota idea de porqué... A lo mejor para demostrarme a mí misma, que si quiero puedo) Merçi!! Fins aviat majo!



Anonymous DUE907 (29/09/2005 15:59) dijo (17/11/05 19:13):  

He escrito una de mis pesadillas... Suerte que sólo son lo que son...



Anonymous DUE907 (29/09/2005 23:36) dijo (17/11/05 19:14):  

Muxart?? no se que quieres decir... Nen, be el diccionari... jejejejeje..



Anonymous marianz1985 (06/10/2005 11:33) dijo (17/11/05 19:14):  

hola mi nombre es marian, estaba dando un paseo por tu space cuando he leido esto que has puesto sobre ese artefacto extraño....a mi me paso algo parecido...pero en marraquech!!!!(marruecos) iba paseando por un parque muy bonito y empiezo a encontrarme uno cada 200 m aprox lo que pasa que los de alli no tenian el teclado...tenian pantalla tactil!!!!!!!!un flipe y se puede hacer de todo...lo malo que no te ponen silla ni refresco jejejejeje...bueno hasta otra...y quedas invitado a ver mi space!!!!!!



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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