El vuelo de la avutarda

 

1.9.05

La ciudad que ni duerme ni deja

En Barcelona no se puede dormir. En los últimos días han aparecido en La Vanguardia algunos interesantes aunque parciales reportajes que anuncian o denuncian las situaciones que se viven durante las noches de la ciudad. Barcelona no acoge de buen grado a las personas ávidas de sueño. Quien habita un piso de 4400 euros por metro cuadrado no duerme, sino que pasa la noche pensando en encontrar una solución que le permita (como al 56% de los ciudadanos) llegar a fin de mes. Quien busca cobijo bajo el sucio cielo no encuentra ni estrellas que contar ni el amparo de la Ley: en el suelo de la Barcelona no edificada no está permitido echarse a descansar.

Las playas urbanas son de noche un terreno invadido por decenas de improvisados pernoctantes e incluso premeditados campistas con una tienda emplazada junto al mar. Con ellos topan las brigadas de limpieza encargadas de poner a punto la arena para evitar que a la mañana siguiente los bañistas encuentren colillas, papeles, bolsas, preservativos usados y botellas vacías. Los que quieren descansar bajo el cielo protestan, se encaran con los encargados de la limpieza e incluso los agreden. Las brigadas de limpieza avisan a la policía, que disuelve los altercados. Y así, cada noche, al triplicarse el tiempo empleado para la puesta a punto de la zona, se incrementan los costes municipales de limpieza de las playas y las molestias para los vecinos del barrio, que ya conocen de memoria el riudoso ritual nocturno.

Playa de Barcelona al atardecer

En otro punto de la ciudad, el Raval, en una plaza cercana a las Ramblas, el Ayuntamiento ha decidido arrancar los bancos que servían de descanso para los viandantes y de lecho para los sin techo. La idea es instalar una serie de asientos individuales que resulten disuasorios para los pernoctantes. Han aplicado a los bancos la máxima del "divide y vencerás" de forma literal: con esta medida debería trasladarse y ocultarse el problema, aunque no se solucione. Sin embargo, un retraso en la llegada del material ha dejado a los vecinos sin ningún tipo de asiento y con el temor añadido de que sean ahora los portales los que sirvan de cama, aseo y abrevadero a los indigentes que pueblan la ciudad. En la misma plaza, junto a la sede del distrito, un colmado con un escaparate repleto de licores vacía sus existencias con facilidad. La cara de una moneda que para otros es una cruz.

La calle de la Boquería, que hereda su nombre del popular mercado sito en las Ramblas, apesta. Se mezclan los aromas del mercado acumulados tras la jornada laboral con los efluvios de aguas fecales que emanan de una cloaca abierta y el anquilosado hedor de unas bolsas de basura que deben de estar ya censadas y con derecho a voto en las listas del distrito. Mientras, un comerciante vierte ineficaces bidones de lejía por el suelo. Leo que Tom Tykwer ha finalizado ya la fase de rodaje localizado en esta ciudad de la adaptación cinematográfica de El Perfume, de Patrick Süskind. Asombrosamente, el equipo ha eludido las callejuelas de la Barcelona real y ha trabajado en la artificiosa Plaza Mayor del Poble Espanyol (un recinto dedicado al ocio que simula un paseo por diferentes ambientes castizos). Rodando en el Raval se habrían expuesto a algunos peligros, pero habrían ahorrado un pico en ambientación, figuración y, seguramente, efectos especiales.

 

1 comentarios:

Una crítica de las constructivas. Excepto el precio de la vivienda que no sé como lo van a resolver en este país. Bien podías publicarlo en algun periódico local, porque está muy bien. Aunque quizás ya te dediques a ello... Un saludo.



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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