El vuelo de la avutarda

 

15.9.05

La Ciencia avanza que es una barbaridad

Leo en El Periódico que se ha paralizado en España la puesta en marcha de una denominada etiqueta inteligente para los diferentes productos que se comercializan: "una especie de DNI informático -dice el diario- en el que puede detallarse [...] desde su caducidad hasta su composición o fecha de fabricación". Es decir, que el invento le da mil vueltas al conocido código de barras, pero sale carísimo de implantar. Cada etiqueta, actualmente, tiene un coste de entre 50 céntimos y un euro. Con este precio, caben dos consideraciones: la primera, que es de esperar que la inteligencia de la etiqueta quede garantizada; la segunda, que sale más caro el relleno que el pollo, como decía mi abuela. Pese a esto, la etiqueta inteligente ya comienza a funcionar en Estados Unidos y Alemania. En España, apenas diez empresas utilizan el sistema.

Existe en el mundo empresarial una constante preocupación por incorporar dispositivos denominados inteligentes al día a día de los trabajadores, para aligerar a estos últimos la carga de trabajo que deben soportar durante un mínimo de ocho horas al día. Por supuesto, cabe considerar esta forma de proceder como un apoyo al trabajador, y nunca como un intento de devaluar su puesto de trabajo. Quiero decir: tras la implantación de dispositivos pensantes no se oculta una voluntad de hacer que las máquinas piensen por los usuarios, permitiendo así la contratación de mano de obra menos cualificada y por tanto peor remunerada. Sólo el afán por echar un cable al trabajador en su quehacer diario motiva que los empresarios apuesten por estas innovaciones. Que quede claro.

He vivido de lleno en algunas empresas esas situaciones en las que un sistema informatizado presta una colaboración colosal al trabajo diario de las personas. El procedimiento se repite: se extrae la forma de proceder artesanal de cada trabajador, se traducen los procesos y subprocesos a planteamientos informatizables, se presenta el nuevo sistema de trabajo como una mejora, quienes saben que su puesto no peligra aplauden, el resto murmura con escepticismo, se impone el sistema y se sustituyen las personas que realizaban su labor a mano por personal contratado bajo condiciones económicas inferiores a las de sus predecesores en el cargo. Claro, como la máquina hace la mitad del trabajo...

Pero no quiero ser luddita. El componente negativo no está en la innovación tecnológica, sino en el uso que de ella se haga en el mundo empresarial, que sólo atiende a razones de supervivencia y expansión. Impulsar dispositivos inteligentes permite contratar trabajadores estúpidos (con perdón), es decir, baratos; o, dicho en eufemística jerga empresarial, las inversiones en mejoras tecnológicas permiten reducir costes de estructura. Si las etiquetas inteligentes no han arraigado todavía en todo el mundo, señal de que su precio es todavía superior al que se considera óptimo para transformar a un trabajador inteligente en estúpido.

Todo llegará, y quizá finalmente las máquinas tomen completamente las industrias para regocijo de los empresarios y espanto del ministro de Trabajo de turno, que vería aumentar irremediablemente el porcentaje de población activa en paro. Pero como todo en esta vida es mentira, al poco sacarían de la chistera un conejo que impediría que las empresas quebrasen por no haber podido vender sus productos a las mismas máquinas inteligentes que los fabrican. Al final va a resultar que lo de "inteligentes" es por eso...

Monolito censado en un mundo 'inteligente'

 

1 comentarios:

Da miedo, no? Pero de todas formas aparte de los trabajadores baratos la empresa tambien necesitará la persona que sepa manejar o arreglar la maquinaria en cualquier circunstancia, por que sino se va el barco a pique. Y te lo digo porque hace poco mi padre en su trabajo (trabaja de "mecánico" en un barco) tuvo que intervenir porque se paró el motor y los tipos que allí estaban se quedaron blancos y no supieron que hacer, sino llega a estar mi padre no hay maquinaria que sirviese en este caso. Siempre se necesitarán trabajadores especializados, aunque está claro que menos.



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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