El vuelo de la avutarda

 

10.8.05

Toma que toma, que toma; toma que toma, que toma; toma que toma, que toma ta

Lo bueno de no tener ni puñetera idea de cómo están a día de hoy los asuntos de la prensa rosa es que, en épocas de carestía informativa, como la clásica canícula en que es noticia hasta la muerte de una hormiga a manos de una horrible araña común, cuando uno se ha quedado castigado sin vacaciones y tiene que pasar los rigores del verano en casa, tiene la posibilidad de encender la tele y de pronto hacerse la ilusión de que está de viaje por un país americano, por no decir república bananera, y solazarse con el turbio espectáculo de parejas que uno no conoce de nada que saltan a despellejarse a las arenas del medio televisivo.

Resulta fascinante. Ahí están ocupando la pantalla Sandra, Miguel y no sé quién más. Como hoy me he levantado intrépido, decido intentar enterarme de qué va el asunto. Por lo visto, resulta que Miguel le ha proporcionado a su pareja de siempre una fabulosa cornamenta mediática al encerrarse no sé cuántos días en una casa con desconocidos hasta llegar a ser bien conocido y reconocido por otra encerrada por voluntad propia, de nombre Sandra si no voy errado. Ambos tienen la pinta perfecta para acudir semana tras semana a vender sin licencia ristras de ajos por el mercadillo del pueblo, pienso yo.

Como lo que presencio resulta algo chabacano, me invade el dandy que llevo dentro y decido cambiar de registro. Voy por tanto en busca de lo que siempre se había llamado "ecos de sociedad", noticias relacionadas con gente de la más alta alcurnia. Ávido por conocer los entresijos de sus interesantes vivencias, deseo con toda mi alma ver en sus vidas un modelo que guíe mi propia existencia. Me topo con Eugenia Martínez de Irujo, un tal Colate y un tal Gonzalo. Sólo conozco los apellidos de ella, porque acompañan indefectiblemente a su nombre dondequiera que va. Por lo visto, los otros dos no precisan más denominación que el nombre de pila. Ergo son partenaires, deduzco, y como tales elementos de atrezzo los trata la prensa rosa.

Colate tiene nombre como de pasta de dientes que la caries combate, pero no; resulta que de Nicolás sale Nicolate, y de ahí se apocopa Colate. Mira tú en qué gastan su ingenio las clases pudientes. Que dicen que el casi dentífrico pudo ser yerno de la Duquesa de Alba, que es aquella señora cuya lista de apellidos no cabe en su DNI y que allá por el pleistoceno causaba furor entre los mamuts, pero que hoy resulta ya un cruce imposible entre Harpo Marx y un payaso de Micolor. Su hija Eugenia Martínez de Irujo va saltando de flor en flor, que viendo el ejemplo de su madre parece mentira que la muchacha piense que la juventud le va a durar de por vida.

El chico, Colate, que no Harpo, prefirió abortar el braguetazo que suponía su relación con la hija del casi cruce Marx-Micolor para tomar el relevo de Ricardito Bofill (otro que llegará a la edad de jubilarse, si algún día trabajó, arrastrando un sufijo diminutivo) en el carrerón sentimental de Paulina Rubio, que apocopa también su nombre y se hace llamar Pau, como si fuera un chico catalán bautizado con el nombre del apóstol caído del caballo y anteriormente conocido como Saulo de Tarso. Quiero pensar que la chica es una fan de los Grizzlies de Memphis.

Tras todas estas elucubraciones aparentemente carentes de sentido llego, por fin, a dos conclusiones, que en realidad no me han supuesto esfuerzo alguno por ser sobradamente manidas, pero de alguna forma tengo que justificar todo lo escrito anteriormente, porque un rollo así sólo se aguanta si es para llegar a alguna resolución. Dicho lo cual, afirmo:

  1. El famoseo al uso trabaja menos que los Reyes Magos, que para una vez al año que hacen algo resulta que es mentira. De este secreto a voces se deriva que estén cansados hasta para pronunciar un nombre bisílabo, por lo que cercenan hasta el átomo sus denominaciones de origen y se hacen llamar por nombres que recuerdan a todo menos a una persona de verdad. Lo cual, de por sí, no es ninguna novedad ya que, como es sabido, el famoseo no pertenece a la casta del más común de los mortales.
  2. El famoseo de tres al cuarto (si es que existe uno de cuatro al cuarto) nace, crece, se reproduce y muere sólo para beneficio de las mismas cadenas de comunicación que conciben, gestan y dan a luz a unos personajes hasta entonces desconocidos y lo hacen en laboratorios controlados por cámaras que filman desde sus primeros toscos movimientos hasta sus más lúbricas acrobacias pélvicas. Sus existencias tienen aún menos interés de las de aquellos que retratan los "ecos de sociedad", pero sorprendentemente llaman igualmente al entusiasmo del común de los mortales. Será que todos albergamos en nuestro interior un vendedor ilegal de ristras de ajos cual topmantero al uso.

Voy a comprarme una manta y voy a triunfar en el mercadillo de mi pueblo este próximo fin de semana...

Toma que toma, que toma

 

1 comentarios:

Anonymous Akane (10/08/2005 13:33) dijo (10/11/05 20:15):  

jajja y pa ver estos te vas de nosotros hay que ver me caguennnnnnnnnnn jajaj es broma corason no hi ha res a la tele que valgui la pena jajaja o veus a aquests locos, o veus les telenoveles o el plus, si no fan una peli de fa deu anys jajajjajajajajun smuakarrakas corasonnnnnn



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