El vuelo de la avutarda

 

20.8.05

¡Nene, pon en marcha el microondas!

Nos situamos. Es verano. Agosto, para más señas. En las empresas que no han cerrado, los titulares de los puestos de trabajo están de vacaciones, y en su lugar quedan los suplentes. Nada funciona. Nadie quiere líos, y cualquier encargo deberá esperar hasta septiembre. Uno se pregunta para qué demonios dejan a nadie al cargo de nada, si nadie se encarga de nada. Entre tormenta y tormenta, el calor achicharra a cualquiera que asome la nariz a la puerta de la calle. En el suelo, ya no se sabe si los goterones son producto de la lluvia o del sudor. Qué más da.

Enciendes la televisión y en las noticias observas un desierto de novedades. Han echado mano de lo que había en el congelador y se disponen a meterlo en el microondas, como cada año, para llenar de contenidos una escaleta que no perdona. Sí, claro, siempre habrá incendios con que llenar minutos (léase "páginas" en el caso de los periódicos) de información. Hasta se puede ir más allá de la noticia y explicar como cada año la paradoja de que el pirómano es un enfermo mental que habitualmente tiene una profesión relacionada con la extinción de fuegos.

Luego están las imágenes de la Dirección General de Tráfico, mostrando las caravanas de abotargados coches cargados hasta con colchones, esperando para cruzar el Estrecho de Gibraltar, y los embotellamientos a las salidas de las grandes ciudades, con ese señor pálido y bigotudo, quizá tocado con un sombrero de estilo Benny Hill, que preguntado en pleno caos circulatorio a la salida de Madrid saca la sudorosa cabeza por la ventana de su ardiente coche para opinar que es una vergüenza que cada año pase lo mismo.

Veraneante al volante

Yo estoy con él: es una vergüenza que cada año pase lo mismo. Que se incendien los bosques, que pasen los mismos coches bloqueando el Estrecho, que pase el mismo señor con bigote hasta las narices del atasco y lo entrevisten. Para mí que es uno de la tele, que se presta cada año para la pantomima. O a lo mejor es una imagen de archivo, que nos pasan una y otra vez, junto las fiestas de un poblacho del que nadie nunca ha oído hablar ni oirá hablar hasta el verano siguiente, en que las mismas imágenes rellenarán el mismo hueco. Milagros del microondas.

En épocas de sequía (también) informativa, ha sucedido un hecho noticiable: diecisiete soldados españoles han caído en Afganistán debido a un trágico accidente mientras volaban a muy baja altura a bordo de un helicóptero. Es una desgracia para los fallecidos, para sus familias y para los mandos militares, incluyendo el afligido Jefe del Estado (a quien han partido por la mitad su merecido descanso vacacional), su esposa, sus hijos y su creciente colección de nietos mantenidos por los súbditos de la Corona.

Pero es una especie de alegría para los redactores de informativos. Gracias a esta noticia, serán capaces de llenar minutos y minutos (o páginas y páginas) describiendo el dolor de todo el mundo, las razones por las cuales esos efectivos pululaban por allí y hasta sabremos cómo funcionaba el motor de arranque del 'Cougar' siniestrado. De paso, algunos medios se enzarzarán en comparar este caso con el del Yakolev-42 y tendremos aún más minutos (páginas) cubiertos. ¡Albricias! Ha caído un chaparrón en medio del desierto informativo.

Porque, aunque sinceramente lamento la muerte de estos soldados, me pregunto cuántos segundos, cuántas líneas merecen durante el año los camioneros que mueren porque se les vuelca el trailer en Castellón debido al viento, pongo por caso. Hasta qué punto se analiza su situación laboral y se descubren las triquiñuelas que impulsan a los transportistas a trabajar trucando el tacógrafo de sus vehículos. O por qué un camarero de un bar muere apuñalado tras la barra durante una reyerta entre bandas de delincuentes.

Hay profesiones más llamadas al riesgo que otras. Y eso no quiere decir que haya unas muertes más justas que otras. Pero sí más esperables. Cuando tu uniforme de trabajo lleva incorporado un arnés, eso implica que tienes un riesgo de caídas desde distinto nivel. Cuando tu uniforme de trabajo lleva incorporado un calibre 38, eso implica que ese café que tomas junto a tu mujer por la mañana quizá sea el último que compartiréis. Cuando tu uniforme de trabajo incluye un helicóptero militar, no te extrañes de volver a casa envuelto en una bandera.

Dicho lo cual, envío mi pésame a las familias de los militares muertos en este accidente, y también a los familiares de todos los fallecidos en los accidentes laborales ocurridos durante el año, haya o no haya sequía informativa.

 

1 comentarios:

Anonymous Mey (21/08/2005 18:15) dijo (10/11/05 20:34):  

hombres g........¡¡¡¡me encantan!!!! y me lo pase pipa en el conciertooo, aunq hayan pasado tantos años, se les sigue escuchando ehhhh, jejeje, asias x tu comentario!!!!!!!! un saludin!!!



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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