El vuelo de la avutarda

 

22.8.05

Mandarinas en la guantera

Hacía tiempo que no limpiaba el coche por dentro. Soy un marrano, lo sé. Pero conste que por fuera lo lavo bastante a menudo. Siempre me ha pasado lo mismo: nunca podrás escribir en la luneta de mi trastillo aquello de "labalo guarro que no encoje" que hace las delicias de todo conductor reacio a pagar unos eurillos para que al cabo de dos días parezca que el pobre coche ha rodado hasta Dakar. Pero por dentro... por dentro es otra cosa.

Hoy, armado de valor, guantes de látex, pinzas y una bolsa transparente y rotulada como "Prueba A" me he calzado las gafas de seguridad, al más puro estilo de los del CSI, y he empezado a limpiar hasta que me ha parecido reconocer en mi coche aquel vehículo que un día salió por la puerta del concesionario. Qué día aquel, cuando mis ojos no paraban quietos, escudriñando dónde acababa el vehículo recién estrenado. Qué tacto tan extraño tenía todo. Qué mal me sabía sacarlo a la calle y que el pobre tropezara con alguna banda rugosa.

Hace ya tiempo que mi coche se salta las plataformas sobreelevadas con la alegría de un potro. Acumula porquería sin piedad. En todas las guanteras encuentras bolígrafos Bic que nunca compré y que no escriben, céntimos de euro que no recuerdo haber perdido y recibos de haber pagado el gasóleo con tarjeta. Todas esas porquerías, amén de un caramelo que un día cayó por el suelo, una miga de pan desprendida de un lejano bocadillo de sobrasada que casi fue pagado en pesetas y un clip de esos que un día te llevaste de la oficina, sujetando a saber qué; todas esas porquerías, decía, que me recuerdan un espléndido texto de Paul Reiser donde se decidía a limpiar los sofás de casa y, retirando los asientos, le preguntaba a su mujer: "¿mandarinas? ¿Cuánto tiempo hacía que no comprábamos mandarinas?"

Pero ya nunca más será así. Lo he dejado como los chorros del loro, que decía el Chele, un compañero de trabajo que tuve. Ahora que lo pienso, un día tendría que dedicarme a pasar revista a los puestos de trabajo que he ocupado. Íbamos a descubrir más flora y fauna que en todas las guanteras del que pronto dejará de ser mi coche. Porque sin duda debía existir un motivo para esa extraña catarsis que se ha producido hoy. Mañana lloraré al despedirme definitivamente del que ha sido mi compañero de fatigas durante los últimos 100.000 kilómetros.

Una guantera que NO es la de mi coche

 

3 comentarios:

Anonymous Akira (22/08/2005 23:53) dijo (10/11/05 20:35):  

Pero vamos a ver... tu ke coño hacias con recibos de haber pagado el gasoleo con tarjeta si te habias comprado una maravillosa maquinita de hacer tiras de falda de hawaina??? endeveeeeeeeee er payo... como ves sigo estropeada... muaaaaaaaaaaas voy a ver el recortes a ver ke me parece...



Anonymous Josep (24/08/2005 00:23) dijo (10/11/05 20:35):  

A veeeer, ¿pero tú no te sabes el corolario de la Ley de Murphy que dice: "por mucha porquería que elimines, siempre habrá más por eliminar"? Pos eso. ;-) Por cierto, espero con que tu desconexión temporal de los blogs hayas podido conseguir esa dedicación a ti misma que necesitabas... Y que te haya sentado bien. Bienvenida de nuevo a esta tu casa. Un besote.



Eso de los chorros del Loro me ha gustado..... no suena a limpio pero.... es original.



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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