El vuelo de la avutarda

 

18.8.05

Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres...

(Dedicado a Akira, por su comentario de fecha 14/08/2005)


Una vez oí decir a mi profesor de redacción periodística, Manel López, que no existían periódicos de izquierda. Creo que tenía razón. Una empresa de comunicación es conservadora por naturaleza. Sin conservadurismo, su existencia en tanto que gran compañía estaría en la cuerda floja. Otra cosa es que, por razones de mercado, a una empresa de comunicación le interese lanzar un producto que llame a un consumidor determinado, alineado con una ideología determinada. Pero no por eso deja de ser una compañía que depende de un consejo de administración y, en definitiva, de uno o más grupos bancarios.

Es una cuestión de target publicitario. No olvidemos que un medio de comunicación es un soporte para la publicidad rodeado de contenidos para atraer posibles compradores de productos anunciados. En otras palabras, no es que una cadena de televisión haga demasiadas pausas publicitarias: es que, sobre una base publicitaria, emite a juicio del espectador pocos contenidos informativos o de entretenimiento. Otro ejemplo: lo primero que se maqueta en prensa es la publicidad. El resto de las páginas se rellena con información y opinión.

Visto así, no debe sorprender que un grupo de comunicación elija cuál debe ser su línea editorial en función de sus intereses económicos. Es cuestión de buscar el nicho: si existe un arco vacío dentro del abanico de posibilidades, es empresarialmente lógico rellenarlo con un producto que vender. Evidentemente, algunos empresarios tenderán más hacia un lado que hacia otro. Ya cité una vez el aforismo de Iván Tubau: "El periodismo y la prostitución se parecen bastante; lo bueno comienza cuando puedes elegir para quién trabajas y qué servicios haces".

Diarios varios

La adscripción ideológica de unos medios teóricamente independientes a algunas formaciones políticas es más que evidente. No voy a pormenorizar para evitar aburrir al personal sobre temas más que consabidos. No me sirve decir que unos manipulan y otros no. Todos lo hacen, en favor de unos o de otros. La objetividad periodística no existe. Desde el momento que una persona decide explicar lo que está ocurriendo según lo ve, está maleando la realidad. Es literalmente imposible que una persona sea objetiva. Son conceptos antagónicos.

Recuerdo una discusión, años ha, sobre este particular. Una voz preguntó si había alguna forma de expresión totalmente objetiva. Algún alma cándida apuntó la fotografía como modo de plasmar la realidad tal cual es. Como si en el momento en que el fotógrafo decide el encuadre no estuviera cercenando lo que ve para mostrar lo que prefiere comunicar al mundo. Y eso sin contar con la edición posterior de la imagen. Por todo esto, no debe sorprender a nadie que una misma noticia sea tratada por diferentes medios con ópticas diametralmente distintas.

Alguno dirá que una cosa es no ser objetivo y otra, tomar partido descaradamente por una formación política. Y tendrá razón. Por qué las cosas funcionan así no sé explicarlo, aunque me viene a la cabeza un triángulo compuesto por los poderes declarados (legislativo, ejecutivo y judicial), el llamado cuarto poder (la prensa) y un poder en la sombra (el financiero). Siempre he pensado que el poder financiero es el que mueve el mundo. Eso es evidente cuando se produce en pequeña medida, cuando cada uno de nosotros contrae matrimonio con una entidad bancaria por la crianza de una hipoteca.

Pero también sucede a gran escala cuando las entidades ayudan a la financiación de las empresas (también las de comunicación) y, por supuesto, a la financiación de los partidos políticos. No en vano hay bancos y cajas estrechamente ligados a determinadas formaciones. La opción más fácilmente explicable consiste en que si estas entidades ligadas a partidos invierten igualmente en medios de comunicación, se cierra el círculo. De hecho, las entidades bancarias, como los medios, no dejan de ser empresas y, como tales, no conocen otro fin que la supervivencia y la creación de riqueza.

Más allá de esto, en mi paranoia personal, se me ocurre que el poder financiero, en función de la situación económica existente, pero también en función del interés con que cuente para que cada formación llegue al poder, tiene por sí mismo capacidad de mover al pueblo a depositar su voto en uno u otro sentido, con el sencillo mecanismo de alterar el precio del dinero, que es tanto como conseguir que la gente pronuncie, de sus propios labios y plenamente convencida, que España va bien. Pero eso sólo son paranoias mías, claro. No puede existir en el mundo tanta mezquindad.

 

1 comentarios:

Anonymous Tiffani (18/08/2005 12:07) dijo (10/11/05 20:30):  

Hola cielo!!! Que tal andas? Echo de menos las conversaciones que manteniamos, a ver si un dia coincidimos. Un besote,
PD.: Un abrazo de Ale!!!



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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