El vuelo de la avutarda

 

26.8.05

Incrustaciones de pedrería

Mi primo tiene un morro que se lo pisa. Hace cinco años que se está yendo de casa, pero no se acaba de lanzar. De hecho, es mi tía la que está a punto de lanzarlo... por la ventana. Ya no sabe qué hacer con él. Lo ha probado de las mejores maneras, con buenas palabras e incluso con ofertas de apoyo económico, psicológico y social. No ha triunfado. Ahora mi tía se está planteando la posibilidad de pasar a mayores, pero no lo ve claro porque un hijo no deja de ser un hijo. Mi primo sabe que ese es el punto débil de mi tía, y lo explota hasta el final.

Mi tío hace tiempo que desistió. Al principio se llevó a mi primo a trabajar con él, para que pudiera ganarse el pan y, de paso, buscarse un techo propio bajo el cual vivir. Así se lo enfocó. Resultó ser un desastre. En una semana, mi primo volcó el toro del almacén cuatro veces, provocó dos colisiones entre camiones y echó a perder treinta y cinco palets de alimentos congelados. Curiosamente lo echaron a la calle, tras lo cual mi primo sonrió maliciosamente. A mi tío se le quedó la misma cara que a Bill Murray durante todo el metraje de Lost in Translation:

Bill Murray poniendo cara de 'nada' en 'Lost in Translation'

Lo han intentado casi todo con él, pero es inútil. Se resiste no ya a abandonar el nido, sino a escalar el hueco que ha ido labrando con sus posaderas en el sofá y levantarse para realizar las funciones más elementales. ¿Que el niño quiere agua? Pues la pide a su madre. ¿Que el niño no ve dónde anda el mando a distancia? Pues su padre se lo acerca. Afortunadamente, se levanta él solito para ir al baño y, de vez en cuando, a dormir, aunque inexplicablemente apenas tiene sueño. Será que durante el día no se cansa suficientemente, digo yo.

Mientras, en silencio, mis tíos están tramando un nuevo plan, ya que el de Julia no salió bien. Julia fue una novia que mis tíos buscaron para mi primo. La chica era guapa, y tenía las ideas muy claras. Tras una semana de visitar a mi primo, tuvo las cosas más claras todavía. Saludó a la familia entera abanicándolos con la puerta. A mi tío se le voló el peluquín. A mi tía le dio un disgusto doble: uno por el desplante de Julia y otro por la alopecia de mi tío. A mi primo le dio un ataque de risa, que no intentó disimular cuando sus padres lo miraron con caras asesinas.

Luego lo hicieron de un modo más sutil. Comenzaron a dejar revistas de agencias inmobiliarias sobre la mesa que mi primo utiliza para estacionar los pies, las pizzas y las latas de cerveza. Cuando las revistas amontonadas empezaron a incordiar a mi primo, porque le tapaban el campo de visión hasta la tele y le quitaban espacio para sus pies, sus pizzas y sus latas de cerveza, comenzó a mirarse los anuncios. Tampoco sirvió de mucho, ya que en ningún sitio ofrecían un palacio con servicio incluido por un precio tan reducido como el que paga por vivir allí.

Ahora ya lo tienen todo atado. Saldrán de casa conectando una alarma que jamás han puesto en marcha porque siempre quedaba allí mi primo, el eterno guardián. Este, en un momento u otro, necesitará levantarse del sofá para hacer sus necesidades. Será entonces cuando salte la alarma, que está conectada con la central de vigilancia. A la llamada que efectuará la empresa de seguridad, mis tíos no contestarán. Dejarán así que sean los vigilantes quienes avisen a la policía para que irrumpa en el inmueble y desaloje al okupa que lleva años incrustado.

Una vez trazado el núcleo del plan, ahora están debatiendo los pormenores. Han alquilado un piso enfrente de su casa para usarlo como mirador donde grabarán, desde una ventana indiscreta, todos los detalles del desalojo. Saben que el fondo a mi primo le gustará saber, de aquí a unos años, que todo este esfuerzo lo hicieron por él. Porque volviera a tomar el hábito de colocar un pie tras el otro y aprendiera a recoger las pertenencias en una maleta y a abrir la puerta tras decir adiós. Después de todo, el chaval es una joya de cuarenta y seis años.

Ficticia detención tras el ficticio desalojo de mi primo ficticio

 

El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
Un intento de blog mantenido por Josep Camós
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