El vuelo de la avutarda

 

14.7.05

Sin punto medio

Yo hay una cosa que no entiendo. Bueno, hay muchas cosas que no entiendo, pero una me trae de cabeza de un modo especial. La nevera de casa. Es que mi nevera es una especie de Expediente ‘X’ de línea blanca. Es un electrodoméstico con vida propia y capacidad de raciocinio, de esto estoy convencido. Tiene la virtud de adoptar un sentido binario, casi maniqueo, de su existencia. O está cargada hasta los topes o está más vacía que los guiones de Ana y los siete. No entiende el concepto punto medio. Tiene esa limitación. Enfría bien, vale, pero no sabe quedarse en un punto medio.

Cuando llegamos a casa con el coche repleto de cosas compradas en el Carrefour, dejamos la nevera totalmente fuera de servicio: la atiborramos tanto de yogures, verduras, carne, pollo y huevos en una estructura similar a la del Tetris cuando te queda un agujero debajo de todo y es imposible hacer que desaparezcan cuatro líneas de golpe que, al abrir la puerta, más que una nevera parece un primer plano del muro de las lamentaciones. Porque claro, sólo te queda el recurso de lamentarte y llorar: tú vas con prisa por sacar los actimeles y resulta que se han quedado atrás de todo.

Tienes que sacar (atención): dos pimientos rojos, tres bandejas de pechugas de pollo, cuatro paquetes de pasta fresca, dieciséis yogures de fresa y limón (“pero si no nos gustan”; “ya, cariño, pero es que están de oferta”). Y vas apuntalando el resto de las cosas, para evitar derrumbamientos. Y como hace tantas horas que no te has tomado tus tropecientos millones de Lcasei immunitas pues vas perdiendo fuerzas y te vas quedando transparente, que al final estás rezando para que no entre tu mujer y te diga aquello de “¿ves como tienes que dejar el tabaco, que te estás quedando en nada?"

Pero luego está el extremo opuesto... Y juro que no sé cómo se las arregla la nevera para pasar de un punto al otro.

Anoche fui a la cocina en busca de un vaso de agua fresca. Abrí la puerta de la nevera y el blanco resplandor que salió de allí casi me tira al suelo. Dentro no había casi nada. Por un momento pensé en alquilar la nevera como solución habitacional con aire acondicionado de serie. Instintivamente, dije “eco” y la nevera me respondió: “¡gilipollas!”. Cerré la puerta del susto y detrás de ella estaba mi mujer, con la lista de la compra en la mano. “Que tenemos la nevera vacía, que tenemos que ir a comprar, so memo”, me dijo. Y siguió: “Toma la lista y acábala, anda, que tengo que tender la lavadora".

Mientras mi enfermiza imaginación trataba de dibujar a mi mujer colgando con pinzas la lavadora de carga frontal, el resto de mi mente se esforzaba en adivinar qué podía haberse olvidado ella por apuntar. Casi de forma automática, abrí la nevera de nuevo, como si en dos minutos hubiera cambiado su contenido. Allí estaba yo, buscando respuestas cual CSI, escudriñando el interior de la nevera. Saludé a la lata de foie gras que lleva viviendo allí dentro desde hace no sé cuánto tiempo. De hecho, creo que se la dejaron allí los de El Corte Inglés cuando hicieron la instalación. El caso es que esta lata forma parte del paisaje interior de la nevera.

Tiene su rinconcito propio, con unos visillos que ella misma se hizo a ganchillo. Decidí recurrir a ella para que me ayudase. Claro, con el tiempo que lleva viviendo allí, nota cualquier ausencia enseguida. La lata de foie gras echó un vistazo al papel y me confirmó lo que yo ya sabía: que mi mujer es un crack y que no se había olvidado nada al hacer la lista de la compra. Lo que no supo aclararme es cómo es posible que un día la nevera esté a reventar y pocos días después esté totalmente vacía. Es que cuando abrimos y cerramos la nevera, la lata de foie gras decide correr los visillos para no constiparse con los cambios de temperatura.

Ahora que lo pienso, el médico lleva meses diciéndome que he ganado demasiado peso. Curiosa asociación de ideas. Bueno, cierro la nevera y a dormir...

¿Cuánto tiempo pasamos ante la nevera?

 

2 comentarios:

Anonymous Tiffani (14/07/2005 10:56) dijo (10/11/05 17:49):  

Solo añadir, que mi nevera, la muy lista, de noche apaga la luz, no se como lo hace, pero de noche no funciona, nunca!!!, es increible. Y creo, mi buen amigo Josep, que he encontrado la solución a tan gran misterio, y es que, los gnomos del anuncio del 307 que van al aire acondicionado, de noche, se instalan en las neveras... así que, o es eso, o es que todos los españoles somos sonámbulos. Saludos



Anonymous Josep (14/07/2005 13:16) dijo (10/11/05 17:50):  

Si ya sabía yo que esto no tenía nada que ver con mi barriguilla ni con esos raros despertares que luego sólo recuerdo a través de una extraña pesadez estomacal. Jodíos enanos... Además de invadir el jardín de mi vecino, ahora ya hasta pasan por mi cocina. La próxima vez los esperaré junto a la nevera, para que no se zampen nada...



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
Un intento de blog mantenido por Josep Camós
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