El vuelo de la avutarda

 

6.7.05

Las fiestas de mi tierra

Para ver de cerca una pera con acné y estrellarle un pedrolo yo no me gasto 279 millones de euros. La nasa ha decidido que esta era una buena forma de celebrar el 4 de julio, tomando fotografías del evento y vendiéndolo como un logro de la ciencia. En mi pueblo, para la fiesta mayor, tenemos al Jacinto, que se encarga de prenderle fuego a unos cuantos cohetes que compra el Ayuntamiento y se lía la de Dios es Cristo. Pero para Cristo, el que se ha armado a 133 millones de kilómetros de nuestras cabezas. Lanzan 370 Kg. de cobre contra un cometa y le causan un cráter como un campo de fútbol, que debe de ser una medida estándar, porque es la superficie que citan los medios de comunicación.

Yo quiero romper una lanza (pero qué expresión tan bonita) a favor del cometa Tempel 1, un astro que no había hecho ningún daño a nadie, que se hallaba vagando felizmente por estos espacios de Dios y, sin esperárselo, se encuentra con un proyectil equipado con cámaras de televisión y a saber cuántos artilugios más que le viene de cara y se estrella contra él sin previo aviso. Eso no se hace. Claro que, ahora que lo pienso, ya es la forma habitual de proceder de algunos países de nuestro mundo: toman un blanco, enfocan su armamento hacia él y disparan indiscriminadamente sin preocuparse por los posibles daños colaterales que estos actos puedan generar.

La verdad es que la nasa le está cogiendo el gustillo a mezclar las barbacoas de la fiesta nacional con los espectáculos a larga distancia. Ya en 1997 montaron un show similar, posando una nave en Marte. En aquella ocasión no hubo valor para impactar allí; la agencia espacial debió de temer que Tim Burton tampoco estuviera tan chalado y resultara que un choque contra el planeta rojo desencadenara un ataque de verdes cabezones. El día menos pensado va a resultar que no estamos solos en el Universo y va a quedar como que lanzamos proyectiles contra los cometas en la vuelta número 184 más o menos del planeta, esto es, cuando son las fiestas de mi tierra. De mi planeta Tierra, claro.

Temple 1 (c) by EFE/NASA

 

El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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