El vuelo de la avutarda

 

30.7.05

El cartero siempre llama dos veces, pero en otra puerta

Vivo en el número 42. ¿De qué calle? ¿Qué más da? Por lo que respecta al cartero de mi pueblo, mi dirección no consta de un nombre de calle y un número, sino tan solo de un número. Lo de enviar mi correspondencia al número 42 de una avenida que queda en la otra punta del pueblo no lo hace por maldad. Consciente de que su puesto de trabajo es un cargo público, nuestro cartero vela por el bien de la comunidad, y fomenta el hecho de que los vecinos de toda la población nos conozcamos y hagamos buenas migas.

El cartero altera deliberadamente el reparto para que cada cual deba localizar al vecino de quien recibe las facturas y se las entregue. Los vecinos se conocen y esbozan la sonrisa propia de quien se ve inmerso en una situación aparentemente estúpida y absurda, aunque en realidad se trata de una actuación cuidadosamente planificada. Por eso nuestro Excelentísimo Ayuntamiento editó hace unos meses una guía con los teléfonos de todos los particulares del pueblo. La convivencia queda garantizada gracias a esta brillante iniciativa pública.

Afortunadamente, ya no recibimos correspondencia de importancia. A sabiendas de la forma de trabajar de Correos, y pese a lo que digan ellos en su página web, la gente envía hoy sus escritos por medios electrónicos y sus paquetes por mensajería. Aparte del consabido correo comercial, sólo algunas facturas, revistas y documentos no digitalizables llegan ya a nuestros buzones. Los recibos y los extractos bancarios se descargan desde Internet. Las cartas de la novia hace tiempo que llegan por sms o por e-mail.

Un día leí que la proliferación del correo electrónico ha hecho resurgir la costumbre de cartearse. Se me hace difícil pensar en una viuda que, presa de la nostalgia, eche mano en un futuro a una caja decorada donde guarde, impresos, todos aquellos mensajes que fue recibiendo de su difunto esposo cuando empezaron a salir juntos. Trato de pensar en la señora, sonriendo dulcemente ante cada emoticono que carente de retórica le revele cuál debía de ser el estado de ánimo de su amado en el momento de enviarle su mensaje.

Correos, ese ente

 

1 comentarios:

Anonymous Akira (30/07/2005 18:13) dijo (10/11/05 19:09):  

Pos hombre lo ke dices tu de la pobre viuda leyendo los correos electronicos... joe pos sinceramente yo sere una de esas futuras viudas y como no he recibido cartas manuscritas de mis amados pos no las echare de menos, vamos ke ni los mails los voy a poder echar de menos ^_^ es que el problema no es de correos, ni de los carteros... el problema es de los hombres...



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