El vuelo de la avutarda

 

1.7.05

Derecho a un slalom digno

No tengo que mirar el calendario. Ya sé que hoy es día 1. Aunque también podría ser 16. Cada quince días ocurre lo mismo. Mi pueblo está sembrado de señales que prohíben estacionar en una acera durante los primeros quince días del mes, y durante los siguientes en la acera opuesta. Y los días 1 y 16 las calles se convierten en improvisadas pistas de slalom entre coches bien y mal aparcados. No hay vacío legal: la franja que decide a qué hora se cambia de acera está en el Código de Circulación. Sin embargo, esta es una obra literaria que goza de menos lectores conclusos que El Quijote. Así que...

Ya he hablado con el Ayuntamiento. Allí están satisfechos con tener ese sistema de prohibiciones, porque así se aseguran de que todo el mundo paga sus vados permanentes. Y yo no quiero aguarles la fiesta, porque entiendo que el dinero sólo es útil si se mueve. Pero, claro, ir conduciendo por una calle en la que la mitad de los coches aparcados molestan es un engorro. Aparte, al final necesitas ir cargado de biodraminas, que parece que te has montado en una atracción de feria de estas que los coches van por una vía diseñada por un borracho. A veces pienso en llamar a la grúa y que se lleve todo lo que incordia.

Pero claro, llamar a la grúa para que haga limpieza tiene un inconveniente: en mi pueblo no hay grúa. Antes sí. Bueno... antes había un señor que llevaba un carro tirado por dos mulas y cuando algún coche molestaba se le avisaba y entonces enganchaba unos hierros al carro y era capaz de remolcar hasta al autobús cuando se quedaba sin gasoil. Pero cuando se le murió la Emiliana, la mula mayor, el hombre se sumió en una profunda crisis personal. Intentó reemplazar la pérdida cargando él mismo con la parte de trabajo del animal, pero al final falleció. Nunca superó la muerte de la Emiliana. Y ahí dejamos de tener grúa municipal.

Entonces, para que no se me tache de negativo, pues he estado pensando un poco. Y así he propuesto normalizar esta situación y dignificar la práctica deportiva del slalom entre coches. Se me ocurre que puedo cerrar las calles, poner cuatro anuncios de cerveza y de talleres de neumáticos, y recrear en mi pueblo la emoción de los rallies, dejando que los conductores de cada día sean quienes piloten sus propios vehículos en busca de la emoción de llegar vivos a sus respectivas casas.

Yo, para ser feliz, quiero un camión. Llámame Loquillo.

 

1 comentarios:

Anonymous Akira (02/07/2005 01:22) dijo (1/11/05 18:32):  

Como esta el mundo... pobre Emiliana...



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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