El vuelo de la avutarda

 

21.6.05

Me parto la caja, so imbécil

A veces las personas nos emperramos en hacernos los graciosos. Tenemos la convicción de que causaremos la sonrisa en nuestro interlocutor y eso hará que nuestra conversación transcurra de un modo distendido y por tanto con fluidez. Derivada de esta fluidez, esperamos incluso que se nos perdonen los posibles malentendidos que puedan suceder mientras conversamos. El problema surge cuando presuponemos que nuestro interlocutor estará por esa labor, y no siempre es así.

Tomo por ejemplo mi propio caso: suelo bromear con facilidad incluso al entablar una primera conversación con alguien a quien no conozco de nada. Si la cosa va bien, mi interlocutor se sentirá a gusto por tratar con alguien que le habla de forma campechana, y todo marchará de acuerdo a mis intereses, porque habré atraído a esa persona al terreno donde me muevo con comodidad. ¿Qué ocurre si mi vanidad me pasa factura? Pues que quedaré como un imbécil ante ese desconocido, y la comunicación se truncará. Siempre teorizo sobre el hecho de que hay que codificar el mensaje según el público al que este se dirige. El problema es que a menudo no paso de la teoría a la práctica con la soltura que sería deseable.

Voy a por otro ejemplo: la moda del reportero audaz e impertinente, que aborda por las buenas a su sorprendido entrevistado en cualquier escenario público y lo somete a la prueba de la simpatía. Esta costumbre comenzó su singladura más popular entre nosotros con el impagable “Caiga quien caiga”. Y ya entonces se evidenció que el método empleado distaba de ser ético, aunque confieso que yo mismo sonreía cuando algún abordado por los reporteros de negro soltaba un exabrupto ante el micrófono, molesto por el desconsiderado ataque.

Como suele ocurrir, a falta de un sistema que controle las acciones, estas derivan de forma aleatoria. Si en la actualidad existiera la Carta de Ajuste, esta tendría su propio reportero impertinente. No sé qué haría exactamente allí, pero es que tampoco entiendo bien para qué sirve en algunos de los muchos programas que tienen esta figura.

Porque considerándolo periodista, falta en sus formas y contenidos a cualquier código deontológico editado o por editar. Y si se trata de un elemento humorístico, pues cabe efectuar dos consideraciones: la primera, que el humor reiterativo cansa, y mucho, por cuanto carece del factor sorpresa que cualquier humorista debe saber dominar (la broma recurrente es harina de otro costal). La segunda consideración se ha descrito en el segundo párrafo: no hay por qué presuponer que el entrevistado se avendrá al ya cansino juego del reportero impertinente. Y menos si este no tiene puñetera gracia.

¿Y a qué viene todo esto? Pues la inspiración me la ha dado un señor que micrófono en mano disparó un chorro de agua a la cara del presunto actor Tom Cruise en una reciente aparición en Londres. Aunque sus trabajos me parezcan un churro, le doy la razón al señor Cruise cuando, después de intentar educadamente que el gracioso le respondiera por qué había hecho eso, ante la simpleza del reportero impertinente, que eludía el diálogo, tan solo le quedó la opción de decirle: “mira, tú eres un imbécil”.

 

4 comentarios:

Anonymous LECLUB24 (21/06/2005 12:25) dijo (31/10/05 12:59):  

alguna vez me ha pasado algo parecido, alguan vez por no decir a menudo.
suelo se muy ironico, suelto ironias sin al minim asonrisa,y la gente hay veces q no las pilla, y piensan q soy un tio raro, pero es q junto mi ironia con mi vaguedaz, y no me paro a explicarlas, aun qaverces silas explico y entonces es cuando la gente piensa q soy aun mas raro.
y eso, por hacerme el graciosos.
ciao



Anonymous LECLUB24 (21/06/2005 14:06) dijo (31/10/05 13:00):  

GRACIAS POR PONERME EN EL TOP
YO HARE LO MISMO
CIAOOOOO



Anonymous Javi (21/06/2005 22:41) dijo (31/10/05 13:00):  

Querido Josep:

Ya que me das la oprtunidad de comentar este texto ,desde mi humilde opinion,creo que se ha de separar el gracioso del graciosillo y del que usa el humor ocurrente e inteligente en los momentos indicados.El graciosillo es aquel que sin ton ni son suelta una chorrada que los que le escuchan sufren verguenza ajena y no tiene ninguna vocacion.El gracioso es aquel que no sabe mas que decir cosas en plan chiste en todas las conversaciones y que alegra ,segun que oyentes(que hay de todo) las charlas.Y el qu eutiliza el humor ocurrente e inteligente es aquel que desde su inmensa sabiduria de los temas a tratar sabe en que momento lo ha de soltar.
Pero lo que si pido por dios es que(segun en que temas)el humor ha de reinar en toda conversacion que se precie.

Un saludo de tu amigo
Javi



Anonymous Akira (21/06/2005 23:11) dijo (31/10/05 13:01):  

Sin palabras... vaya rayadaaaaa ke te has markao!!! Me encantaaaaaa... Muakkkkkkkkk remuak y remuaksssssssss



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