El vuelo de la avutarda

 

11.6.05

Gratitud

Maldigo aquel miércoles de 1998 en que me tocó, por puro azar, cargar apresuradamente cuatro sacos de harina de 50 kg cada uno, salir corriendo con el camión por la carretera que une Granollers con el Masnou, con todas sus curvas, llegar a través de el Masnou a la casa de aquel infame apellidado Asensi y descargar los sacos, subiéndolos uno a uno por una estrecha escalera de muchísimos metros de recorrido que daba a un cuarto donde se guardaban productos de panificación. Maldigo la forma en que Asensi miraba el reloj exigiéndome que acabara rápido, porque yo había llegado tarde y él no podía esperar tanto tiempo a un repartidor.

Maldigo al supuesto médico de la mutua contratada por la empresa en que tuve este accidente, que únicamente me dio un descontracturante cuando, al cabo de unos días, le relaté cómo había sentido un crujido en la espalda al cargar aquel material. Me maldigo a mí mismo por haber confiado una vez más en los médicos, como si no hubiera aprendido la lección de incompetencia que me dieron cuando tenía ocho años y sufría un problema cardiaco. Maldigo, pues, mi fe ciega y mi afán de seguir trabajando pese al intenso dolor que me produjo aquella carga de sacos, que me impedía incluso accionar el freno de mano del camión si no era abriendo la puerta y estirando la pierna izquierda hacia el exterior de la cabina. Transcurridos unos días, el dolor remitió.

Sí, han pasado siete años desde entonces. Hoy estoy en una cama, rodeado de un ordenador que me ayuda a pasar el día, una caja de pajitas para poder beber sin incorporarme, un paquete de galletas y un tetra brick de zumo de manzana, por si tengo hambre, una botella de agua y cinco cajas de medicamentos. Mi mujer vive esclavizada por asistirme en todo cuanto necesito. Tengo dos hernias discales situadas entre las vértebras 3, 4 y 5 de la región lumbar de la espalda, con repercusión en el nervio ciático a lo largo de mi pierna izquierda. Apenas me levanto de la cama, y me es prácticamente imposible permanecer sentado. He acudido dos veces al servicio de urgencias del hospital que me corresponde por la zona donde vivo, una de ellas en ambulancia ya que me quedé literalmente clavado a las puertas del edificio donde trabajo de momento, y no sé por cuánto tiempo más, ya que estoy de baja y la empresa está reduciendo personal.

Desde mi ambulatorio solicitaron mi ingreso en una lista para ser operado en ese mismo hospital, una lista "con un tiempo de espera que da pena", según el traumatólogo que me atendió. Las veces que he ido al hospital, los médicos que me han atendido de urgencia me han dado a entender que no debería dar por seguro que lo mío se arreglará con una intervención, ya que hay otras vías... Cada día ingiero 4000mg de paracetamol para soportar el dolor, 1800mg de ibuprofeno para desinflamar algo que lleva años inflamado, 1200mg de gabapentina para preservar el nervio ciático, quien por cierto me recuerda su existencia continuamente, y 15mg de diazepam para descontracturar la musculatura y, de paso, sumirme frecuentemente en unos estados de estraña semiconciencia. Ah, y a eso le añadimos 20mg de omeprazol que evita que mi estómago se transforme en un queso de gruyère. Llevo medicándome intensivamente desde el 27 de marzo. No noto ninguna mejoría.

Tengo 32 años y me siento paralizado, perdiendo el tiempo miserablemente. En casa dejé cables por canalizar y regatas por enyesar; fotos por colgar, estanterías por organizar, facturas por archivar. Ya no cocino. Ya no arranco malas hierbas. Ya no hago nada. Paso el día chateando con gente a la que apenas conozco. Me distraigo, sí, y afortunadamente he dado con algunas personas francamente magníficas, pero a veces me puede la desidia. Anoche me desmoroné. Sentí que no podía más. Me sentí inútil una vez más. Por suerte, mi mujer supo hacerme superar el bache. Desde 1991 se lo debo todo, aunque creo que no se lo he dicho suficientemente. Algún día, quizá, leerá esta nota. Espero que no le venga de nuevas lo que digo sobre ella, porque eso significará que habré encontrado la forma de demostrarle mi gratitud. Por todo.

 

1 comentarios:

Anonymous Esti (12/06/2005 17:45) dijo (31/10/05 12:43):  

Eres un motruo, yo q pensaba q lo mio era malo , y mira como estas tu , q sepas q en mi tienes a una amiga y q te ayudare en todo lo q pueda,cuando leia lo de la Gratutud , q sepas q me as echo llorar soy muy sensible en esos temas), y q sepas q tienes dar mucha guerra, una amiga q te aprecia mucho.
MUAKS.



El vuelo de la avutarda. Periodismo de andar por casa
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